La posible salida de Guillermo Francos sacudió la calma del oficialismo. Entre operaciones cruzadas, tensiones de poder y planes de recambio, el Presidente se mantiene al margen, mientras crecen los roces entre su hermana Karina Milei y su asesor estrella, Santiago Caputo.
Mientras Javier Milei se muestra cada vez más distante del ejercicio cotidiano del poder, la Casa Rosada se agita por internas crecientes entre sus principales espadas políticas. La última chispa que encendió la mecha fue la versión sobre una posible salida de Guillermo Francos de la Jefatura de Gabinete. Un rumor que, aunque desmentido, generó un fuerte temblor dentro del oficialismo y dejó expuestas las tensiones entre Karina Milei y Santiago Caputo.
Según trascendió en off, Francos podría ser reemplazado por Manuel Adorni, el vocero presidencial y flamante legislador. Aunque la versión fue negada públicamente, su sola circulación activó una guerra de nervios dentro del gabinete, especialmente porque reveló la fragilidad de los equilibrios internos. Adorni tuvo que salir al cruce para aclarar que no era el autor del rumor y se mostró públicamente junto a Francos para disipar sospechas.
Pero el trasfondo es más profundo: la pelea por el control político dentro del Gobierno se vuelve cada vez más explícita. Karina Milei, junto al tándem Menem (Martín y «Lule»), busca consolidar un esquema de poder propio que le permita manejar decisiones clave desde la sombra. En ese tablero, colocar a Adorni como jefe de Gabinete no sería solo un cambio de nombres, sino la posibilidad de tener una figura absolutamente leal y controlada desde su entorno.
Esta ofensiva choca de frente con Santiago Caputo, el asesor en jefe del Presidente, que sigue moviendo piezas para sostener su influencia. Con el despacho del Salón Martín Fierro como su centro de operaciones, Caputo no solo resiste la avanzada de Karina, sino que teje alternativas. Entre ellas, la posibilidad de que Diego Santilli se incorpore al Ejecutivo si Lisandro Catalán se lanza como candidato en Tucumán, lo que abriría una vacante clave en la coordinación con las provincias.
Caputo también mantiene diálogo con dirigentes del PRO como Cristian Ritondo, en un intento de ampliar su red de alianzas de cara a 2027. El posible desembarco de Santilli al gabinete sería una doble jugada: fortalecer el ala política del Gobierno y mantener bajo control un área vital como el nexo con los gobernadores.
Del otro lado, el menemismo busca ubicar en ese mismo lugar a Sebastián Pareja, el armador bonaerense de La Libertad Avanza, que ya demostró capacidad de movilización política en actos recientes. Si logra ese puesto, Karina podría consolidar su dominio interno y debilitar aún más a Caputo, dejándolo como asesor sin incidencia real en la toma de decisiones.
La interna libertaria se mueve con la lógica de una guerra fría: sin enfrentamientos abiertos, pero con maniobras y operaciones cruzadas constantes. Nadie muestra aún todas sus cartas, a la espera de cómo se acomode el tablero con un eventual acuerdo con el PRO.
En este escenario, la permanencia de Francos representa algo más que una cuestión de nombres: simboliza un punto de equilibrio entre dos modelos de poder enfrentados. Su salida podría inclinar la balanza y alterar las reglas del juego para la segunda parte del mandato.
Milei, por ahora, se corre del centro del ring. Observa. Espera. Sabe que elegir un bando antes de tiempo podría volverse un búmeran. Pero también sabe que, más temprano que tarde, deberá intervenir si quiere conservar el control de un gobierno que ya no depende solo de su voluntad.
