La etimología de la palabra idiota nos remonta al griego “idiotes” para indicar a aquel que no se ocupaba de los asuntos públicos, priorizando sus intereses personales o privados. En Latín es usado y significa “ignorante”.
Por Diego Dieguez Ontiveros
En el día de ayer Ecuador presenció y padeció en carne propia la cara más explícita del neoliberalismo adquirido a “paquete cerrado” por Lenin Moreno: el anuncio de una seguidilla de ajustes inhumanos con más la represión de la protesta social.
Abrumado por la “inexplicable” reacción de la ciudadanía impone una medida extrema política como es el estado de excepción. Tal recurso deviene absolutamente inconstitucional por la simple razón que no cumple con los requisitos básicos de admisibilidad que la Constitución ecuatoriana requiere. No existió proporcionalidad, ni necesidad, ni riesgo tal que justifique una resolución que, entiendo, ya estaba redactada a sabiendas del efecto que lo infame del anuncio provocaría.
El lawfare hacia Rafael Correa y su entorno más cercano comenzó con la detención y arbitrario juicio contra Jorge Glas para luego extenderse. La receta: un Poder Ejecutivo aliado espuriamente con un sector del poder judicial y ciertos medios periodísticos sentenciando anticipadamente o reproduciendo sospechas como apotegmas. Todo ello con el único fin de perseguir y proscribir políticamente alentando en la comunidad sentimientos primitivos y violentos fomentando la creencia que la política es oscura y que la salvación de la patria vendrá de la mano de una meritocracia escoltada por un capitalismo moderado.
Hoy Ecuador vive lo que muchos advertíamos, no por adivinos, sino por padecientes y estudiosos de este tipo de maniobras imperiales.
Es dable destacar que Lenin Moreno le otorga a este proceso un elemento diferencial que es el de haber formado parte del gobierno anterior. Sus declaraciones o cadenas nacionales devienen material imprescindible para labrar la historia del cinismo en el discurso político como también para algún simposio psicoanalítico.
El Presidente Correa, en un gesto admirable desde la autocrítica, reconoció en un eventual acto de vanidad propia el no haber divisado ese futuro (hoy presente) de acciones tan dispares al proyecto revolucionario. No obstante entiendo que la codicia, la venganza y la pulsión de muerte habitan en rincones insondables de la psiquis, difíciles de descifrar y menos aún con la virulencia que se produjeron.
Es evidente que Moreno hoy está cercado por sus propios actos, prontamente será abandonado por sus secuaces y aliados políticos que palmeaban sus espaldas jocosamente quienes volverán a esconderse en los intersticios del Estado y la sociedad.
Este tipo de “idiotez”, que en nada se asemeja a un estado de salud, proviene de un profundo individualismo disfrazado de civismo. La negación y ataque a la política, la sumisión de lo público al capital privado, el beneficio a la patria financiera, la entrega cultural, la genuflexión a lo anglosajón o a cualquier organismo de préstamos define al dirigente.
¡Bendita entonces sea la “grieta” que nos separa!
No seamos permeables al discurso de la unidad nacional absoluta puesto que es un eslogan, imposible de cumplir… ni ahora ni nunca. La historia del hombre y la relación con sus pares y medio ambiente nos relatan a las claras que no es lo mismo una utopía que la ciencia ficción…
Pensar nuestras complejas sociedades desde la posibilidad del entendimiento absoluto es negar el pensamiento crítico o la disidencia: la grieta es construida precisamente por los que solemnemente se apropian del concepto so pretexto de su crítica.
Las acciones político-económicas de Lenin Moreno y su “team” ocasionan y ocasionarán: mayor diferenciación de clases sociales, aporofobia, precarización del empleo público y privado, necesidades básicas insatisfechas, propagación de enfermedades que se consideraban superadas, aumento de la informalidad laboral, más niños en situación de calle, violencia sexual, femicidios, violencia urbana y aumento de los delitos contra la propiedad, desatención de los ancianos, encarecimiento de los servicios básicos, clientelismo político, aumento en el consumo de estupefacientes, incremento del narcotráfico, deserción escolar y universitaria, aumento del gasto público, endeudamiento internacional a largo plazo entre tantos otros males…
Repito: no son reflexiones a la luz de una bola mágica o las cartas de Tarot sino la triste y repetitiva historia del poder político y el económico funcionando en dupla, abandonando la puja de tensiones que permitirían un equilibrio en pos de la sociedad.
En estas horas tan aciagas para nuestros hermanos ecuatorianos hago votos para que los “idiotas” sean visibilizados y diferenciados de los “patriotas”, que los hay y muchos.
