Este 8 de Marzo es una buena oportunidad para reflexionar que pasa cuando la política usa faldas. Un balance del primer año de Cristina desde una mirada feminista.
“Néstor le dio el volante a Cristina y a los pocos metros le dijo correte que sigo manejando yo”, declara Rafael Flores en la revista Noticias del 27 de Febrero último. Claro q no necesitamos de las declaraciones de Flores habiendo un imaginario colectivo que repite casi al unísono: “esto es un co-gobierno”, “quien manda acá sigue siendo EL”, “EL maneja todos los hilos por detrás” y demás etc. refiriéndose a Kirchner. En tanto vemos u oímos a alguna persona de los medios que en un fallido recurre al: “Sr. Presidente, ejem, perdón, Sr. Ex Presidente”. Difícilmente la primera Dama, ejem…, perdón, la Presidenta hubiese llegado a tal cargo sin el apoyo incondicional de su marido y el aparato político a su disposición, a pesar de haber juzgado ella misma otrora a una candidata como “portadora de apellido”.
Hoy ya Cristina no engaña con el cuadro político que llegó hasta aquí ni con su pasado de Senadora enfática y vehemente. Así como algunos sectores calificaron a Néstor Kirchner como chirolita de Duhalde en el 2003, por estos días pareciera que la marioneta se volvió fémina y en un cambio de roles EL es quien ahora maneja los hilos. Si hasta dicen las malas lenguas que en la acalorada etapa de la ley 125, Cristina expresó (también muy acalorada) al borde del estallido: “Carajo, la Presidenta sigo siendo yo!!”
Si Kirchner que es un animal político, que tuvo un mandato presidencial bastante decoroso, con acciones positivas que prontamente le consolidaron su gobernabilidad; resulta incomprensible que exponga a su esposa al deterioro creciente de su imagen y su credibilidad, en tanto también el país en su conjunto revive una polaridad en varios aspectos, inconducente que ya se creía cosa del pasado. Tampoco se entiende este permanente crear enemigos y políticas que tienden a separar, donde nuevamente Cristina queda como desorientada peleándose hasta con su sombra.
Deberíamos ser psicólogos/as para hablar de manipulación o de “boicot” inconciente, pero no lo somos. Tampoco estamos en la alcoba Presidencial para conocer sus secretos, pero como sucede en muchas parejas, a veces hay facturas que se pasan a el/ la cónyuge de la forma más sútil y no por ello menos ruin. No sería éste el caso, ¿pero cómo saberlo? Simplemente -y una vez más- Un/a candidato/a hace su campaña con discursos que serán invalidados en su posterior accionar.
¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?
Cristina se valió y utilizó en sus discursos el tema de “género” y de su condición de mujer, no sabemos si para sensibilizar, conmover, convencer o persuadir (al fin y al cabo de eso se trata la política), aplicando permanentemente a sus palabras la perspectiva de género: todos y todas, compañeros y compañeras y un sin fin de sustantivos en femenino y masculino, para referirse a la población en su conjunto. Me parece un hecho no menor hablar de una manera moderna e inclusiva para generar otra realidad, pero con esto no alcanza ni para empezar. No salió de boca de la Presidenta el domingo pasado en la apertura de la Sesiones Ordinarias del Congreso, una mención o reflexión impulsando o proponiendo acciones de equidad entre varones y mujeres (salarial y laboralmente, así como en el terreno de las oportunidades). No se expresó sobre la necesidad de leyes para aquellas mujeres víctimas de discriminación, violencia y abuso sexual. Por supuesto, no mencionemos una legislación sobre aborto!!
Ni siquiera reabrir un debate sobre un tema controvertido pero urgente. Tampoco levantó la voz en busca de leyes que protejan a las jefas de hogar y les de posibilidades de crecimiento para ellas y sus hijos/as.
¿Dónde está la voluntad transformadora de género si sólo se trata de pronunciar constantemente ellas y ellos. Tal vez incurriendo en los estereotipos más básicos, Cristina sostiene su militancia por la igualdad, recalcando una y otra vez que a las mujeres todo nos resulta más difícil. Un reduccionismo que la pone falsa (o realmente) en víctima. ¿Hay un poder femenino y uno masculino? o ¿Sólo se trata del poder que en las grandes ligas no tiene sexo? El interrogante que se plantea entonces es si Cristina sabe sobre género o es una banderita más que usó oportunamente.
Mucha gente le dio su voto a CFK porque es mujer, pensando en esta supuesta sensibilidad -y a veces sensatez- que se supone de las mujeres, para ver si la política coloreada de rosa era mucho más que un contubernio donde la torta siempre se reparte entre los/as mismos/as. Tal vez alguien este reforzando la teoría de que existe un poder femenino y por tal diferente, pensando en Michelle Bachelet, pero y si recordáramos a mujeres de la política internacional como Violeta Chamorro (Nicaragua) o Corazón Aquino (Filipinas), sólo por mencionar algunas, que nunca se propusieron una lucha de género en sus carreras. No quería llegar a un ejemplo tan obvio como la dama de hierro, Mrs. Thatcher, quien hiciera un ejercicio del poder tan avasallante como el de un Napoleón del siglo XX. Creo que falta mucho camino por hacer en cuánto a la equidad entre los géneros y cambios de paradigmas respecto a las mujeres, para dejar de discutir “chiquitajes” y entrar en escenarios de discusión más profundos.
Donde realmente se vuelve peligrosa la actuación de CFK es que después de su mandato, tal vez sí a las mujeres todo nos cueste más, cuando de las altas esferas se trate
Por Natalia Ferrelli
