Un documento interno del Pentágono expuso posibles sanciones contra aliados de la OTAN y abrió la puerta a una revisión del respaldo histórico a Londres. La reacción en la prensa británica fue inmediata.
Un informe reservado del Departamento de Defensa de Estados Unidos instaló un escenario inédito en la disputa por las Islas Malvinas. Washington analizó la posibilidad de revisar su tradicional respaldo a la posición británica, en medio de un conflicto diplomático con sus socios europeos por la guerra en Medio Oriente.
La información surgió de un memorando interno al que accedió la agencia Reuters. El texto detalló medidas de presión contra países de la OTAN que rechazaron colaborar con la ofensiva impulsada por la Casa Blanca contra Irán. Entre esas decisiones, apareció la opción de reconsiderar el apoyo a territorios bajo control europeo, con foco en el caso de las Malvinas.
El planteo se vinculó con la negativa de varios aliados a otorgar permisos de uso de bases, acceso estratégico y sobrevuelo. En el Pentágono interpretaron esa postura como una señal de debilidad dentro del bloque militar. El propio secretario de Defensa, Pete Hegseth, lo dejó en claro al afirmar: «Nos encontramos con preguntas, obstáculos o dudas… No se puede tener una alianza sólida si hay países que no están dispuestos a apoyarte cuando los necesitas».
En ese contexto, el vínculo entre Washington y Londres mostró signos de desgaste. Donald Trump cuestionó en varias ocasiones al primer ministro británico, Keir Starmer. Lo calificó de “cobarde” por no acompañar la ofensiva en Irán. También lo comparó con el liderazgo de guerra británico al señalar que «no era Winston Churchill «.
La tensión escaló cuando el Reino Unido rechazó el uso de sus bases para operaciones ofensivas. Luego, el gobierno británico habilitó acciones defensivas limitadas. Esa decisión no alcanzó para desactivar el malestar en la Casa Blanca.
El posible cambio de postura sobre Malvinas generó un fuerte impacto en el Reino Unido. Medios como The Sun, The Telegraph, Daily Mail, The Independent y The Guardian reflejaron la preocupación ante un eventual quiebre en la histórica alianza con Estados Unidos.

The Sun advirtió que Trump evaluó revisar el reconocimiento de la soberanía británica sobre las islas como represalia política. The Telegraph sostuvo que Washington incluso consideró “penalizar” a los socios que no acompañaron su estrategia militar. En esa línea, Daily Mail mencionó que el paquete de sanciones incluyó también la posibilidad de suspender a España dentro de la OTAN.
El conflicto no se limitó al plano diplomático. También dejó expuestas tensiones estructurales dentro de la alianza atlántica. Trump elevó el tono en sus críticas y planteó dudas sobre el funcionamiento del bloque. «¿No harías lo mismo si estuvieras en mi lugar?», expresó al referirse a una eventual revisión del compromiso estadounidense con la OTAN.
En paralelo, España quedó en el centro de las críticas por su negativa a aumentar el gasto en defensa. Desde Madrid buscaron descomprimir la situación. El presidente Pedro Sánchez afirmó: «No nos basamos en correos electrónicos. Nos basamos en documentos oficiales y posturas gubernamentales, en este caso de Estados Unidos». También remarcó que su país mantuvo su rol como «socio leal».
El escenario se complejizó con intereses económicos en juego. En los últimos días se conoció un proyecto petrolero en la zona de Malvinas con participación de capitales israelíes y británicos. La iniciativa previó inversiones millonarias y generó rechazo del Estado argentino, que mantiene sanciones contra las empresas involucradas.
La eventual revisión del apoyo estadounidense a Londres reactivó la disputa por la soberanía del archipiélago, un conflicto que se mantiene abierto desde 1982. Hasta ahora, Estados Unidos sostuvo una posición alineada con el Reino Unido, aunque reconoció el reclamo argentino.
La filtración del documento del Pentágono expuso un dato clave: las alianzas tradicionales atraviesan un momento de fragilidad. La guerra en Medio Oriente, sumada a las diferencias estratégicas, dejó al descubierto tensiones que podrían alterar el equilibrio geopolítico en el Atlántico Sur y más allá.
