El 13 de octubre de 2010 quedará impreso en la memoria de la historia nacional como la patética expresión de un diverso grupo de legisladores intentando torcer el brazo del oficialismo con cualquier recurso.
Por Alberto Carbone, profesor de Historia, Filosofía y Letras de la UBA
Sin mediar ningún estudio técnico de factibilidad y sin siquiera analizar por lo menos a grandes rasgos lo producido en materia previsional por el gobierno, este conglomerado pachtword autodenominado “grupo A” y encabezado a regañadientes de sus mismos integrantes por el vicepresidente de la Nación, definido por el filósofo Ricardo Foster como el “pequeño señor Cobos”, transformó en Ley el proyecto por el 82% móvil a jubilados y pensionados.
No deseo justificar al gobierno, ni mencionar aquí los sucesivos beneficios que esta gestión política ha promovido a la clase pasiva. Corresponde en todo caso al oficialismo realizar una pormenorizada defensa de su accionar y demostrarle a la civilidad, la imposibilidad cierta de aplicar esta Ley promovida a todo pulmón como si sus impulsores fuesen los adalides de la dignidad ultrajada, hombres y mujeres sin pasado político o legisladores que pudiesen demostrar coherencia permanente en su accionar durante toda su carrera como funcionarios.
En esta oportunidad, es mi intención exponer cómo un recurso referido a un antiguo y justo reconocimiento social, fue atado a un interés de índole mezquino.
Parecería que a la clara “Era de las Vanidades” que se manifiesta en la política argentina desde tiempos inmemoriales y de la cual los políticos no son sus únicos cultores, ni tan siquiera las máximas expresiones, se le sumara por necesidad y urgencia de la hora, la desesperación extrema de una oposición sin mensaje ni rumbo claros de mostrarse en sociedad con un triunfo a lo “Pirro”, que le signifique al oficialismo una derrota en un campo en el cual hubiera preferido siempre salir vencedor.
Porque ellos, los opositores diversos, saben bien que esta Ley no es sustentable en el tiempo. Es como recetar un medicamento cada ocho horas y garantizarle al paciente el suministro de una sola pastilla.
Ellos saben. Que sean incapaces de generar un proyecto político a mediano y largo plazo no significa que sean estúpidos.
Mientras la actividad política nacional esté configurada dentro de una especie de juego de cuerda tensada en ambos extremos, ganará quien cinche más fuerte, pero cuidado, que al tensar la cuerda hacia atrás podemos no ver el precipicio a nuestras espaldas.
Pero además si el gobierno vetara la Ley y posteriormente, unos meses después, otorgara un aumento a nuestros jubilados y pensionados, la oposición volvería a quedar aletargada, procurando inventar acciones que de alguna forma eclipsen la gestión oficial. Nuevamente estaría corriendo detrás de la zanahoria.
Como ciudadano y tratando de pensar con sentido común, me parece mucho más provechoso para la Nación, que esta oposición diversa, incómoda entre sí, confusa y exenta de ideas, intente de a poco y seriamente intensificar entre algunos un debate próspero que le otorgue factibilidad y elocuencia, configurando otra voz y otro mensaje, distinto al oficial y que por sobre todas las cosas promueva una opción clara y creíble para la ciudadanía que hasta hoy no le cree y sólo respeta a algunos de sus integrantes.
