Luego de las elecciones, la oposición mostró una diáspora y Kirchner cosechó triunfos parlamentarios. Por un lado buscan quedarse con comisiones en la Cámara baja el 10 de diciembre, y por el otro sacar provecho de las discusiones internas de los adversarios. Por ahora, nadie advirtió que la ciudadanía equilibró fuerzas forzando la convivencia política.
Se sabía que la transición desde las elecciones hasta el recambio parlamentario del 10 de diciembre sería larga. En el medio, oficialismo y oposición maniobraron intensamente para que el escenario político no caiga en una meseta. Lo cierto es que la opinión pública parece cada vez más desorientada.
Kirchner fue con todo. Entre el fútbol por la Televisión Pública y la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual coleccionó importantes triunfos. Aprovechó los reacomodamientos de la oposición, que dejó al desnudo el amontonamiento con meros fines electoralistas. Consiguió que un par de diputados se sumen a sus filas y no se le cuentan derrotas en el ámbito parlamentario.
Paralelamente, el ex presidente elabora la estrategia de cara al 2010. Tiene intenciones de buscar nuevamente el sillón de Rivadavia volviendo a la transversalidad con agrupaciones sociales y cada vez que tiene oportunidad habla de cómo el país superó sin demasiados inconvenientes la crisis económica internacional.
La oposición advirtió rápidamente que la ciudadanía comenzaba a fastidiarse y mostrarse desorientada con el panorama actual. Con las peleas internas entre Solá, De Narváez y Macri, y las de Carrió con el Acuerdo Cívico y Social, muchos comenzaron a pensar en serio que el acuerdo era únicamente para fisurar al kirchnerismo y sin proyecto a futuro. Se cansaron de reclamar que los proyectos importantes deban ser votados luego del 10 de diciembre.
Para colmo, desde el Poder Judicial hay un diagnostico poco alentador. “La dirigencia política deja bastante que desear, no está a la altura de las circunstancias y no se están construyendo alternativas”, describió un alto magistrado.
Ahora, cada sector se organiza a las apuradas para llegar prolijamente al recambio de bancas. Para ese entonces, una de las estrategias de la oposición es conseguir presidencias en las comisiones. No quieren ser espectadores de lujo del funcionamiento institucional como sucedió con el debate de la Ley de Medios.
El radicalismo y Carrió coinciden en respetar a las minorías parlamentarias y no enloquecen por la presidencia de la Cámara Baja. No piensan lo mismo Solá ni De Narváez. Desde las sombras, Duhalde alienta a juntar todas las manos y relegar del cargo al jujeño Fellner.
Otro dato que muestra la diáspora opositora es la gran cantidad de pequeños bloques que existen en el recinto. Además, en cada fuerza, proliferan las reuniones, pero pequeñas y entre 2 o 3 dirigentes.
Carrió expresó que tiene intenciones de realizar acuerdos parlamentarios para trabajar en una agenda corta de problemáticas. La chaqueña se toma el trabajo de aclarar que solo se tratará de debatir una serie de puntos con otras fuerzas no afines al kirchnerismo.
Por su lado, Kirchner propondrá la reforma política y la discusión de la renta financiera.
Hasta el momento, ninguna fuerza política leyó lo que muchos medios advirtieron: que la ciudadanía equilibró fuerzas en las pasadas elecciones, quizás obligando a llevar adelante una convivencia de diálogo y debate.
Por César Morielli
