El portuario, que responde a Moyano, renovó su poder en la CATT y sumó apoyo para su candidatura a la central obrera; Héctor Daer, de "los Gordos", es el otro aspirante.
El proceso de reunificación de la CGT , que avanza a ritmo de machete, se gestó a partir de los poderosos sindicatos del transporte. Con representantes de las tres centrales, la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) consagró ayer al portuario Juan Carlos Schmid como su conductor y lo impulsó como posible candidato a la CGT unificada, que nacería el 22 de agosto próximo.
Incondicional ladero de Hugo Moyano, Schmid es el líder de Dragado y Balizamiento desde 1997. A él, al ferroviario Omar Maturano y al colectivero Roberto Fernández les atribuyen la reconstrucción de la influyente alianza de gremios del transporte, un paso clave que aceleró las negociaciones por la CGT.
Sin Moyano, Antonio Caló y Luis Barrionuevo en carrera, la pulseada por el sillón de mando de la nueva CGT sería entre Schmid y Héctor Daer, que es diputado nacional del Frente Renovador y líder del gremio de la Sanidad de Buenos Aires desde hace 16 años. Más relegados, surgen otros nombres, pero los de Schmid y Daer son hasta ahora los que más consenso cosecharon internamente.
"La voz del transporte no puede estar ausente en la conducción del movimiento obrero ni de la unidad sindical", dice un fragmento del documento que acordaron los transportistas. El mensaje se interpretó como un espaldarazo a la candidatura de Schmid, que ahora estará al frente de una agrupación que reúne a más de 200.000 trabajadores.
Como en una dinastía, hay sectores del moyanismo que consideran que la sucesión de Hugo debería recaer sí o sí en su hijo Pablo, número dos de los camioneros. Sin embargo, el propio Pablo ya habría descartado esa posibilidad. Incluso, Hugo Moyano acompañó ayer a Schmid en el acto en el teatro Empire y reforzó su pertenencia a la CATT, un bastión que supo ser propio. "La actividad del transporte es determinante para una medida de fuerza", advirtió el jefe de los camioneros en una clara intención de exhibir que su poder de fuego se mantiene intacto.
Con la elección de la nueva cúpula de los transportistas, lo que sucedió en verdad fue la normalización de la confederación, a la que regresaron casi todos los gremios que se habían ido a la Unión General de Asociaciones de Trabajadores del Transporte (Ugatt). La Ugatt supo ser la contraparte que ideó el ex ministro de Planificación Federal kirchnerista Julio De Vido y que estuvo liderada por Maturano y el taxista Omar Viviani. La Ugatt ya desapareció. Maturano es hoy uno de los referentes de la renovada versión de la CATT. Viviani, en cambio, pone reparos, lo que alimenta a su vez la incertidumbre sobre su incorporación a la CGT unificada.
Por ahora, se quedan afuera de la CATT la Unión Ferroviaria, el único sindicato que oficializó por escrito su salida de la agrupación de transportistas, Capitanes de Ultramar y el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU), que está intervenido judicialmente desde el 18 de febrero pasado.
Después de renovar su liderazgo en la CATT, Schmid se refirió ayer al vínculo con el Gobierno. "Ha cambiado la situación, tenemos más diálogo, pero no podemos apoyar medidas que dejan desocupados y pobres", dijo el portuario. Y anticipó: "Se va a recalentar la temperatura social con el medio aguinaldo".
Además, Schmid enumeró un rosario de demandas del sector: exigirán una ley federal del transporte y una reforma impositiva que modifique las escalas del impuesto a las ganancias, y volverán a la carga para que se declare la emergencia ocupacional y para ratificar su defensa al derecho a huelga.
Camino a su reunificación, las tres vertientes de la CGT darán el viernes un paso clave: celebrarán juntas el Comité Central Confederal, el paso previo al congreso del 22 de agosto que elegirá a los 35 integrantes del nuevo consejo directivo. Ese día, tal vez, quede más claro el cabeza a cabeza entre Schmid y Daer.
Así como el portuario cosecha apoyos del moyanismo y del transporte, Daer cuenta con el respaldo de "los Gordos" (grandes gremios) y de sindicatos industriales y estatales. Hubo dos hechos recientes que reposicionaron a Daer: se rebeló a Sergio Massa, su jefe político, por la ley antidespidos, lo que le permitió exhibir autonomía, e intervino en el Congreso para que las obras sociales sindicales quedaran exentas de los alcances del proyecto oficialista de acceso a la información pública.
