En la última licitación de agosto, Finanzas logró refinanciar el 96% de los vencimientos. Para conseguirlo, aceptó pagar tasas algo mayores y resignó extender los plazos de la deuda en pesos. Los fondos que quedarán disponibles podrían aliviar las tasas, aunque también sumar presión sobre el dólar.
El Gobierno logró superar una de las licitaciones de deuda más exigentes de agosto. El Tesoro consiguió refinanciar $12,1 billones de los $12,6 billones que vencían, alcanzando un nivel de rollover del 96%. La operación dejó, sin embargo, unos $500.000 millones que deberán ser emitidos el próximo lunes y que quedarán en circulación.
La mayor disponibilidad de pesos llega en un momento sensible para el mercado cambiario. Después de varias jornadas de fuerte movimiento, el dólar tuvo una pausa sobre el cierre de la semana, mientras las tasas de interés comenzaron a moderarse. La nueva inyección de liquidez podría contribuir a reducir el costo del financiamiento, aunque también representa un factor adicional de presión sobre la cotización de la moneda estadounidense.
Menor plazo y algo más de tasa
Para completar la renovación, la Secretaría de Finanzas tuvo que flexibilizar parte de la estrategia que venía aplicando sobre la deuda en pesos. En lugar de buscar instrumentos con vencimientos más largos, esta vez colocó deuda con una duration promedio de 4,7 meses, con vencimientos concentrados dentro del actual período de gobierno.
Además, el Tesoro tuvo que convalidar rendimientos algo superiores a los que había ofrecido en operaciones anteriores. El objetivo fue asegurar una elevada participación de los inversores frente a un mercado que todavía muestra señales de liquidez restringida.
Desde Puente Research señalaron que un rollover inferior al 100% era consistente con el escenario de escasez de pesos observado durante las últimas semanas. Según el análisis de la firma, los fondos que serán liberados podrían contribuir a mejorar la liquidez y ejercer presión bajista sobre las tasas de interés.
La consultora también destacó que el Gobierno pagó un premio respecto de los precios del mercado secundario, especialmente en las nuevas LECAP y en el instrumento de vencimiento más corto, aunque ese diferencial fue menor al observado en licitaciones anteriores.
El frente de la deuda en dólares quedó en pausa
La licitación también mostró las dificultades que enfrenta el Gobierno para avanzar con su programa de financiamiento en moneda extranjera.
Para 2026, el programa financiero contempla la colocación de US$6.000 millones a través de los Bonar 2027, 2028 y 2029. Hasta el momento, las emisiones de los Bonar 2027 y 2028 permitieron captar unos US$5.226 millones, por lo que todavía restan aproximadamente US$774 millones para alcanzar la meta anual.
Sin embargo, el deterioro de las condiciones financieras complicó una nueva salida al mercado. El riesgo país llegó a 509 puntos básicos, mientras el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años se ubicó en torno al 4,67%. En ese contexto, el costo de financiamiento argentino se acercó nuevamente a niveles de dos dígitos.
El Bonar 2029, que aparecía como una de las alternativas para completar el programa, fue finalmente postergado. En el mercado secundario, ese título llegó a ofrecer rendimientos cercanos al 10% anual, una tasa que refleja el mayor riesgo percibido por los inversores.
Dólar, tasas y pesos: la tensión que sigue
La operación se produce después de un mes marcado por la tensión entre la cotización del dólar y las tasas de interés. Durante agosto, la divisa pasó de alrededor de $1.485 a $1.512, mientras el riesgo país escaló desde los 411 hasta los 509 puntos.
En paralelo, las tasas llegaron a niveles cercanos al 30% mensual, aunque posteriormente comenzaron a bajar luego de una inyección de liquidez realizada por el Gobierno. La caución a un día volvió a ubicarse cerca del 20%.
Los $500.000 millones que quedarán liberados el lunes no representan un volumen extraordinario frente al tamaño del mercado, pero sí implican una nueva oferta de pesos en circulación. El efecto dependerá, en buena medida, de si esos fondos se destinan al consumo, al crédito, a inversiones financieras o a la compra de dólares.
Para el Gobierno, el resultado de la licitación permite atravesar un vencimiento importante sin mayores sobresaltos. Pero el costo fue resignar parte de la extensión de plazos que buscaba para la deuda en pesos y aceptar rendimientos algo más elevados.
Al mismo tiempo, la postergación del Bonar 2029 deja abierto uno de los principales desafíos del programa financiero: conseguir financiamiento externo en un contexto de riesgo país elevado y creciente incertidumbre política y cambiaria.
