El asesor clave de Javier Milei quedó afuera del reparto, sin capacidad de incidir en las candidaturas, mientras otros actores reforzaron su poder en el principal distrito del país.
Durante el cierre de listas en la provincia de Buenos Aires, Santiago Caputo no apareció en escena. Ningún mensaje oficial explicó su ausencia. El asesor clave de Javier Milei quedó afuera del reparto, sin capacidad de incidir en las candidaturas, mientras otros actores reforzaron su poder en el principal distrito del país.
En la nómina bonaerense solo se ubicó una figura cercana al espacio Las Fuerzas del Cielo, la agrupación que Caputo impulsó con un puñado de jóvenes libertarios: Nahuel Sotelo, secretario de Culto, fue quinto en la lista de la Tercera Sección Electoral. El resto del armado quedó en manos de Sebastián Pareja, presidente del partido en la provincia, con el aval de Karina Milei y Eduardo “Lule” Menem. El consultor, que supo tener influencia directa en las principales decisiones del oficialismo, esta vez no logró retener ni su despacho como centro de operaciones.
En la previa al cierre, la Casa Rosada se convirtió en un campo de tensión interna. El grupo de Caputo operó desde el salón Martín Fierro, mientras que Lule Menem instaló su propio equipo a pocos metros, en la misma planta del primer piso. Según dirigentes cercanos al asesor, Karina Milei habría dispuesto vigilancia sobre su oficina, lo que profundizó el malestar. El clima se tensó aún más cuando se difundió el contrato millonario que el Banco Nación preadjudicó a una empresa ligada a la familia Menem. Aunque desde el entorno de Caputo negaron haber promovido la filtración, en el círculo de los riojanos interpretaron el episodio como una jugada política en su contra.
Un dirigente libertario que conoce a ambos sectores resumió así la situación: “Si no tirás a matar, después no esperes que el otro no vuelva a buscarte para destruirte”. La misma fuente recordó una frase que Caputo compartió tiempo atrás en redes sociales, atribuida al personaje Thomas Shelby: “¿Por qué lo hacemos? Porque podemos. ¡Porque podemos, carajo! Y si les sacamos la bota del cuello, simplemente ellos vendrán por nosotros”. Luego añadió: “Los dejamos respirar y mirá ahora: vinieron”.
Los aliados de Caputo quedaron relegados. Su alejamiento de la mesa política, dos semanas antes del cierre, debilitó por completo la posición del grupo que venía cuestionando internamente el rumbo de varias áreas del Estado. Incluso algunos dirigentes señalaron que, tras la definición de listas, referentes cercanos al asesor se tomaron vacaciones. La retirada fue interpretada como un mensaje.
En redes sociales, el núcleo duro del caputismo desapareció. Ni Agustín Romo, ni Lucas “Sagaz” Luna, ni Daniel Parisini, más conocido como Gordo Dan, dieron señales públicas. Sin declaraciones, sin actividad visible, los referentes digitales del espacio optaron por el silencio y el repliegue. Las conversaciones pasaron a un grupo cerrado de Telegram, desde donde observan a distancia los movimientos del oficialismo.
Durante meses, Las Fuerzas del Cielo señalaron que el armado impulsado por Pareja incorporaba nombres “de la casta” que desvirtuaban la esencia del proyecto libertario. Cuando llegó el momento de definir lugares, la lapicera fue ajena. Desde el entorno del armador provincial consideraron que los cuestionamientos del grupo de Caputo fueron inoportunos. Un dirigente lo sintetizó así: “Se metieron donde no les correspondía”.
Antes de desaparecer del radar, Caputo participó de las negociaciones con Cristian Ritondo, jefe del PRO bonaerense. Su objetivo era asegurar el cierre de un acuerdo. Coincidía con el sector de los Menem en la necesidad de avanzar con el partido amarillo, aunque lo hizo con reservas. La cercanía de algunos candidatos a Jorge Macri, una figura vetada por Javier Milei, generó incomodidad entre los libertarios más ortodoxos.
Cerca del asesor bajaron el tono del conflicto. Alegaron que no le interesaba figurar en la foto, ni disputar protagonismo. Según esa visión, lo importante era el contenido de las listas, no los nombres que las firmaban. También relativizaron el impacto del retroceso en Buenos Aires: fue una elección provincial, argumentaron, sin consecuencias directas en el escenario nacional.
El lunes posterior al cierre, Caputo y Ritondo coincidieron en una reunión institucional del Consejo de Mayo, en la Casa Rosada. No cruzaron palabra. Fue una postal formal con una señal política. En el entorno libertario ya asumen que el esquema de coordinación entre Caputo, Karina Milei y el equipo del vocero presidencial no volverá a repetirse en la provincia. La estrategia bonaerense quedó exclusivamente en manos de Pareja y los Menem.
Ahora, la incógnita es el futuro del consultor. Estaba previsto que participara del Derecha Fest, el evento que Javier Milei preparó en Córdoba como plataforma ideológica y acto de masas. Si asiste, marcará su pertenencia al círculo más íntimo del poder libertario. Si se ausenta, confirmará su repliegue. Desde el Gobierno no informaron si viajará o no.
El poder no siempre se expresa con cargos ni con bancas. En el caso de Caputo, su influencia se medía en gestos, acceso y silencios. Esta vez, perdió espacio y no logró frenar el avance de sus rivales internos. El asesor que creó la narrativa de un presidente sin estructura, ahora enfrenta su propio desafío: conservar poder sin control territorial. Por ahora, sigue cerca del oído presidencial. Pero ya no marca el ritmo.
