Ningún futbolero bien nacido podrá estar contento o siquiera indiferente a la situación que se planteó con Ariel Ortega y su marginación del plantel de River Plate. Una figura de gran dimensión, un ídolo amado como pocos, el jujeño recibió un rechazo directo del entrenador Juan José López, tras su primera ausencia en el entrenamiento inicial de la nueva temporada.
Por Alejandro Fabbri, para Diario Perfil
Ni la palabra médica ni las excusas de Ortega alcanzaron para torcer la decisión de Jota Jota, avalada directamente por Daniel Passarella. Ya el presidente riverplatense había anticipado su endurecimiento al señalarle al matutino Clarín en una extensa nota hace unos días que no toleraría “más boludeces” de su hijo pródigo. El agua llegó al río y la sanción tomó cuerpo.
Quizá la enorme simpatía que despierta Ortega entre los riverplatenses y también entre muchísimos hinchas de otros equipos lo haya cobijado para no recibir descalificaciones y subestimaciones tan comunes en el fútbol argentino. Quizá su larga y exitosa carrera en River y en la Selección Argentina lo haya hecho inmune a las críticas fuertes y agresivas. Pero ese romance ha terminado, por lo menos con la dirigencia y el cuerpo técnico de su club.
Justo es recordar que Ortega –con 36 años- está en la fase final de su carrera y que su aporte al juego de River ha ido perdiendo peso propio y significación. Algo lógico, tomando en cuenta su edad, más allá de cualquier adicción. Pocos ejemplos quedan de jugadores con esa vigencia: apenas Palermo, Almeyda, Verón, Fuertes y no hay mucho más para mencionar. Lo mejor que tenía para entregar de su infinito repertorio de gambetas, amagues y jugadas peligrosas, Ortega ya lo dio.
La discusión debería ya ser otra: ¿River lo aguantó porque le servía como jugador y ahora cuando está en su declinación lo abandona? ¿Vale la pena preocuparse por la persona en lugar de estar atento a lo que haga en una cancha? ¿Cómo se hace para convencer a Ortega de que necesita tratamiento, contención y al mismo tiempo una férrea voluntad para salir del agujero negro en que está metido?
Las preguntas sin respuesta o en todo caso con una cantidad de posibles contestaciones de acuerdo a las reacciones de los protagonistas son muchas, demasiadas. Si River tiene la obligación de protegerlo, asistirlo y contenerlo porque es una figura histórica del club, porque aún tiene contrato, etc, etc. Ortega ha expresado que quiere seguir jugando en el país y parece poco probable que un club se juegue en este momento por llamarlo para sus filas.
¿Serán los familiares del jujeño quienes tendrán que intervenir para convencerlo y ayudarlo a encarar un tratamiento de curación? La respuesta no la tenemos nosotros, aunque un excelente jugador, un buen tipo, humilde, simpático y querible como Ortega, necesite de todos los que lo quieren para entender su problema y entender que la vida no se acaba y siempre se está a tiempo.
