El partido fundado por Mauricio Macri solo retuvo fuerza en la Ciudad y Vicente López; la alianza con La Libertad Avanza terminó en derrota y aceleró la crisis interna del PRO en la provincia de Buenos Aires.
En el PRO bonaerense se instaló la desorientación tras los resultados del último domingo. La apuesta por la alianza con La Libertad Avanza no rindió frutos en la provincia de Buenos Aires ni en gran parte del país, pese a que la expectativa inicial era “derrotar al kirchnerismo para siempre”. El acuerdo impulsado por Cristian Ritondo y avalado por Mauricio Macri terminó debilitando al partido amarillo, que solo logró sostenerse en dos enclaves: la Ciudad de Buenos Aires y Vicente López.
El 19 de julio, al cierre de listas, la idea era mostrar fortaleza conjunta. Sin embargo, la coalición no logró retener los votos que ambas fuerzas habían sumado por separado en 2023. La derrota provocó un duro golpe a figuras como Diego Santilli y Ritondo, quienes se mantuvieron en silencio mientras en los bunkers se imponía la decepción. Un dirigente cercano al expresidente lo resumió con crudeza: “Está demostrado que se han equivocado. Hubo mucha humillación, mucha meada todo este tiempo. Ningunearon a intendentes y a nuestros cuadros. Los Milei redoblaron todo a 250 km por hora y el palo ahora es muy fuerte”.
Pese a la caída generalizada, en Vicente López la intendenta Soledad Martínez logró un triunfo categórico: 55% contra 29% en la categoría concejales. Ese municipio se convirtió en la excepción que permite al macrismo festejar, junto con el control de CABA bajo la jefatura de Jorge Macri. El jefe de Gobierno porteño, quien mantiene un vínculo distante con Javier Milei, eligió pasar la noche electoral en Vicente López y no en el búnker libertario de La Plata. Su silencio posterior refuerza la idea de que busca preservar la identidad del PRO de cara a 2027.
Desde el entorno de Mauricio Macri, en tanto, remarcan que “esta alianza no fue su decisión” y que el expresidente se mantendrá en perfil bajo. Aun así, el costo político del pacto con Karina Milei en la Ciudad de Buenos Aires —donde incluso cedió boleta, nombre de la alianza y candidaturas para el Senado a su histórica rival Patricia Bullrich— encendió críticas internas.
“Lo que quedó en claro este domingo es que ya no pueden mear a nadie”, sintetizó otro referente del macrismo en relación al destrato recibido por parte de la Casa Rosada. Ese malestar se tradujo en la resistencia de varios intendentes que evitaron entregarse a la estrategia libertaria. Casos como Pablo Petrecca en Junín o Javier Martínez en Pergamino optaron por otros frentes y lograron mejores desempeños que LLA en sus distritos.
La excepción más notoria fuera del conurbano fue la de Guillermo Montenegro en Mar del Plata, que consiguió imponerse en la Quinta Sección con un ajustado 41% frente al 37% de Fuerza Patria. En contraste, otros dirigentes como Diego Valenzuela en Tres de Febrero sufrieron retrocesos significativos, quedando al borde de perder sus propios territorios.
La derrota en la provincia de Buenos Aires fue demoledora: de las 8 bancas que el PRO ponía en juego en la Cámara de Diputados provincial solo logró retener 7, y en el Senado perdió escaños clave. La fallida estrategia de subordinación a los hermanos Milei no solo redujo representación legislativa, sino que también precipitó la diáspora de dirigentes como María Eugenia Vidal, quien respaldó al gobernador chubutense Ignacio Torres y se alineó con el bloque de Provincias Unidas junto a Maximiliano Pullaro y Martín Llaryora.
En la mesa federal del PRO, con figuras como Fernando de Andreis, Guillermo Dietrich, Francisco Quintana y Sebastián García de Luca, ya admiten que la rendición acelerada ante LLA fue producto de una mala lectura electoral. El antecedente de mayo en CABA, cuando Manuel Adorni logró imponerse en comicios desdoblados con baja participación, terminó funcionando como espejismo y llevó a una estrategia que ahora implosionó.
El panorama deja en evidencia que el PRO perdió peso en la mayoría de los distritos del país y que la fusión con los libertarios, lejos de fortalecerlo, profundizó su crisis. Hoy, sus únicas certezas están en CABA y en Vicente López, mientras en el resto del mapa la marca amarilla se diluye. El gran interrogante es si el partido fundado por Mauricio Macri logrará reinventarse o quedará reducido a un actor secundario dentro del tablero opositor.
