No podemos esperar ninguna solidaridad de parte del sector dominante de la sociedad. Ellos se creen la Patria. Aquella que inauguraron con la Carta Magna del año 1853 y que sostuvieron una y otra vez gobierno tras gobierno. Para ellos la Patria no es una entelequia. La Patria es el campo y ellos se consideran los únicos representantes. Por transitividad, ellos son la Patria.
Por Alberto Carbone
«Yo haré uso de esta fiesta, publicando desde aquí, mi programa de gobierno; y les digo pues, a todos los pueblos de la República, que Chivilcoy es el programa de gobierno del presidente Domingo Faustino Sarmiento. Decidles a mis amigos, que no se han engañado al elegirme Presidente de la República, porque les prometo Hacer Cien Chivilcoy en los seis años de mi gobierno, con tierra para cada padre de familia, y con escuelas para sus hijos. He aquí mi programa, y si el éxito corona mis esfuerzos, Chivilcoy tendrá su parte en ello, por haber sido el pionero, que ensayó con mejor espíritu la nueva Ley de Tierras y ha demostrado que la pampa no está condenada, como se pretende, a dar exclusivamente pasto a los animales, sino que en pocos años, aquí, como en todo el territorio, ha de ser luego asiento de pueblos libres, trabajadores y felices”.
Discurso del Presidente Sarmiento en la Ciudad de Chivilcoy.
Sábado 3 de octubre de 1868
En general los acontecimientos históricos se revisitan sin aludir a las consideraciones que los configuraron.
Los sucesos se confrontan ante la realidad y no se analizan con el cuidado necesario cada una de las causales que los precipitaron o el porqué de aquellas particulares manifestaciones.
Los hechos configuran episodios estáticos de los que hemos aprendido a aceptar y a asimilar tal y como se fueron presentando ante la realidad.
Pero la Historia no se define como una sucesión de hechos. Al contrario. La Historia es la materia que estudia el pasado con la cabal intención de interpretar y evaluar cada intención.
Por ello, nos atrevemos a reafirmar que paradójicamente no existen los hechos, sino las interpretaciones que de ellos surgen a través de la reflexión.
A propósito he elegido las palabras de ex presidente Domingo Faustino Sarmiento, en oportunidad de la inauguración de la Ciudad de Chivilcoy, para confrontar con el pensamiento de aquellos que juzgan al sanjuanino como el adalid de la orientación oligárquica de pensamiento político nacional. Porque no todo es claro u oscuro en el devenir histórico o en los procedimientos de los seres humanos a quienes les cabe formar parte de la narración de los acontecimientos.
Sarmiento, con sus luces y sombras, bregó por un país con mayor distribución territorial, a sabiendas de que la riqueza de la Nación se basada en la propiedad y consecuente producción de la tierra agrícola.
Chivilcoy consumaba la piedra de toque. El hecho exquisito. El primer eslabón de una cadena de logros que garantizarían la esperanza de miles de paisanos que deseaban arraigarse a su parcela productiva para comenzar a tejer su futuro familiar.
Porque fue la aristocracia argentina la que consumó la Constitución Nacional. Y la escribió a su imagen y semejanza.
Proyectaron un país agrícola para el mercado externo, amparado en la propiedad territorial del reducido grupo de familias que redactaban la Ley Magna para beneficio propio.
Como la Historia se basa en interpretaciones, creo sinceramente observar que Sarmiento adivinó la jugada en el momento exacto e intentó la zancadilla. Nombrado Presidente y aceptado a regañadientes en aquel sitial por sus connacionales masones como él, Bartolomé Mitre y Justo José de Urquiza, intentó voltear la jugada magistral de la elite porteña y del Interior del país, generando sucesivas fundaciones de ciudades agrícolas con pequeño hacendados por todo el territorio nacional. Chivilcoy configuraba la primera zancada, el primer ladrillo.
Sin embargo, por alguna razón, seguramente bien regada en intereses políticos y económicos, el sanjuanino no pudo concluir con aquella obra que recién empezaba. Fue sucedido en el cargo de Presidente por su ministro de Educación, Nicolás Avellaneda y se produjo un enroque. Sarmiento ocupó el cargo que él le había asignado a Avellaneda como Director General de Escuelas. Fruto de aquel empuje fueron dictadas dos leyes que transformarían la fisonomía de la sociedad: La Ley de Educación Común 1420 y la de Inmigrantes, conocida como Ley Avellaneda.
Mientras tanto la elite continuaba acaparando propiedad territorial. Todo lo contrario a los que paralelamente acontecía en aquel otro país tan similar al nuestro, los EE.UU de América, donde fueron parcelados en espacios más reducidos los nucleamientos de tierra y los labradores propietarios que se establecieron allí, configuraron pueblos prósperos y edificaron un futuro venturoso para ellos, sus familias y para el resto de los avecinados.
En Argentina en cambio, cuando la elite terrateniente observó el éxito de la Ley Avellaneda, orquestó un proyecto ambicioso y tentador, fomentando el acaparamiento de mayor heredad avanzando contra el territorio indígena, con la excusa de la necesidad de la expansión de la frontera agrícola y de la inmediata defensa de lo nacional contra las probables intenciones de anexionamiento chileno de la Patagonia.
El frío calculador, helado, del grupo oligárquico, se patentizó definitivamente, a través de la defensa de lo que definía y define en la actualidad como el Ser Nacional, expresiones que hubo estampado en la Constitución Nacional con letras de molde, garantizando su Verdad, su predominio, su exclusiva factibilidad como factótum social, como eje dominador.
No podemos esperar ninguna solidaridad de parte del sector dominante de la sociedad. Ellos se creen la Patria. Aquella que inauguraron con la Carta Magna del año 1853 y que sostuvieron una y otra vez gobierno tras gobierno.
Para ellos la Patria no es una entelequia. La Patria es el campo y ellos se consideran los únicos representantes. Por transitividad, ellos son la Patria.
Un grupo reducido de vastas extensiones de tierra que producen materia prima para el mercado exterior a través de mano de obra barata y exánime.
Cuando escucho decir que esta época reproduce los acontecimientos del año 2001, respondo que no es así. Esta época nos retrotrae a la situación vivida por el país a comienzos de Siglo XX, durante el Centenario.
El año de 1910 constituyó la piedra angular de este modelo agroexportador. Miles de inmigrantes que ofrendaban su labor a cambio de reproducir su fuerza de trabajo y el pequeño núcleo central de la sociedad poseedora concentrando su riqueza y viviendo en un país exclusivo, único, selecto.
Por ello, no debemos esperar nada de quienes consideraban y consideran que nada tienen para ofrecer. Porque la reducción de sus beneficios, saben bien, podría redundar en una mejor calidad de vida de aquellos sectores sociales que para la elite constituyen solamente muchedumbre invisible.
Los sectores mayoritarios de la sociedad, los pobres, los desposeídos, permanecen girando alrededor de las demandas de un corazón helado.
Trabajadores urbanos y rurales, testigos mudos, por ahora, de los reclamos y exigencias de quienes se creen auténticos y legítimos propietarios de un país edificado por ellos para sí mismos y que no parecen dispuestos a compartirlo.
