La Tormenta perfecta, pareciera que el título de la película describe puntualmente la situación política-económica que viene atravesando Brasil desde hace un tiempo.
Este martes, el dólar estadounidense rompió la barrera de los 4 reales y alcanzó su máximo histórico desde la creación del real como moneda brasileña, en 1994. De más está decir que la depreciación de la moneda afecta directamente al bolsillo de los asalariados.
En este contexto la presidenta Dilma Rouseff enfrenta un duro escenario de recesión económica, la industria hace 17 meses que arroja números negativos, y crisis política desatada por el escándalo de sobornos que implican a la empresa estatal Petrobras.
Para poner en contexto la situación actual es útil recordar que la presidenta fue reelecta con el 51,64% de los votos en octubre del año pasado en un escenario de ballotage frente al candidato liberal del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), Aécio Neves.
Desde la asunción de su segundo mandato se ha observado un hostigamiento tanto por parte del sector mediático, Red O´Globo, como del sector político con Neves y el recientemente constituido Grupo Pro Impeachment, integrado por Carlos Sampaio, líder en Diputados del opositor PSDB y Jarbas Vasconcelos, del PMDB, partido aliado del oficialismo, hacia la figura presidencial para exigir la renuncia de Dilma e impulsar el juicio político. Se pueden sumar también las declaraciones del ex presidente Henrique Fernando Cardoso que han tenido el mismo espítitu destituyente frente a la figura presidencial.
Masivas manifestaciones se dieron en algunas ciudades fogoneadas por la oposición política-mediática como consecuencia de la supuesta red de sobornos que salpica a la empresa Petrobras y cuyos fondos habrían ido a parar a la campaña política del Partido de los Trabajadores.
Por otro lado, en el arco económico, la designación del economista ortodoxo Joakim Levy como titular de la cartera de Hacienda, no hizo más que agrandar el abismo que existe entre el electorado y el gobierno, tal vez porque el paquete de medidas de ajuste no hacen más que afectar a las clases más postergadas y de menores recursos. La imagen positiva de Dilma hoy ronda sólo el 30%.
Ahora bien ante este contexto surge la duda, ¿quiénes están detrás de este intento desestabilizador? La respuesta parecería no ser unívoca, vemos que la impotencia de la derecha política para ganar elecciones lleva a tomar acciones políticas concretas contra las instituciones democráticas. Como antecedentes inmediatos tenemos el ejemplo del juicio político y posterior destitución del ex presidente de Paraguay, Fernando Lugo, el cual fuere condenado por la Unasur “por afectar el orden democrático” y el intento de golpe blando en Ecuador en el año 2010. Sin contar el golpe de Estado que sufrió el ex presidente Manuel Zelaya en Honduras en el año 2009. Recordemos también que en Argentina Cristina Fernandez de Kirchner, a meses de comenzar su mandato en 2008, tuvo que soportar un feroz lockout patronal y cortes de ruta de los sectores más concentrados ligados a la exportación agrícola-ganadera poniendo en jaque la estabilidad institucional.
Ciertamente es preocupante que no se respete la voluntad popular y queda de manifiesto también que en Brasil luego de doce años de gobierno Petista, los sectores populares lograron grandes avances en materia social y económica. Distintos programas sociales han beneficiado a millones de personas que antes estaban subsumidas en la pobreza absoluta y un porcentaje de la población ascendió socialmente ocupando hoy las clases medias brasileras. Algunos datos dan cuenta de ello, según el Banco Mundial el exitoso Plan Bolsa Familia, que en una década de operación logró reducir a la mitad la pobreza de Brasil (de 9,7% a 4,3%), alcanzó a unos 50 millones de brasileños de bajos ingresos. En los últimos 10 años Brasil pasó de tener 61 millones de pobres a 28.
No obstante ello el avance de los sectores más conservadores del país vecino no se han hecho esperar y no conformes con las medidas de ajuste y recorte fiscal por parte del titular de la cartera económica de Dilma, siguen su ataque parlamentario y mediático hacia ella. En un país que cursa su segundo año de recesión económica y con denuncias de corrupción, el panorama se hace un tanto difícil para la gobernabilidad que necesita el sistema político.
La deslegitimación hacia la figura presidencial y el asedio diario para que renuncie o se someta al impeachment no hace más que enturbiar el clima político y social, teniendo en cuenta además que sólo han transcurrido 9 meses desde que comenzó su segundo mandato.
Sin dudas Brasil está transitando estas horas un duro examen que pone en juego el sistema democrático y la voluntad popular, seguramente deberá ser la política, herramienta legítima para transformar la realidad de las personas, la que deberá primar en el escenario político del país vecino.
