Luego de la gauchada del campo de brindar una tregua de 30 días al gobierno nacional para renegociar las retenciones y el rumbo de la política agraria, triunfos y derrotas que dejó el conflicto a la gestión CFK.
PÉRDIDAS
-Disparó un conflicto que hace 23 días no existía, que tuvo en vilo al país y dejó la sensación de que podía haberse evitado: la propuesta final que hizo a los pequeños productores es exactamente la misma que la Federación Agraria había hecho antes del paro. Y el Gobierno la desestimó por considerarla “inviable”.
-Sufrió el primer cacerolazo desde la salida de Fernando de la Rúa. El oficialismo quiso presentarlo como una expresión exclusiva de sectores medios y altos de la Capital Federal. Pero la protesta se extendió a barrios modestos del sur porteño y a las principales ciudades del interior.
-Lesionó la alianza con los sectores del campo que fueron decisivos para que el PJ ganara las elecciones ajustadas, como por ejemplo en Córdoba.
-Se expresaron en público disidencias internas como nunca antes. Incluido el vicepresidente Cobos.
-Se expuso a la Presidenta al inusual desgaste de cuatro discursos en una semana. Cometió gaffes respecto de cifras y lugares que alimentaron las críticas sobre su desconocimiento del campo.
-El Ejecutivo quedó asociado a la imagen de patotas y violencia tras la incursión de Luis D’Elía.
-La impugnación pública de la Presidenta a una caricatura hecha por el prestigioso dibujante Hermenegildo Sábat recogió un vendaval de críticas.
-La escasez de productos aumentó los precios a un punto que ningún manejo del Indec podrá disimular.
-Perdió el control de la “agenda”, palabra clave en la jerga K para indicar quién tiene el poder y la iniciativa política. Se suspendió el viaje soñado a la vidriera progresita mundial de Londres. La pérdida de la “agenda” y de la percepción generalizada de un Gobierno que tiene todo bajo control, sólo tiene registro previo en la aparición del efímero fenómeno Blumberg.
-Dio lugar a un movimiento de alcance por ahora desconocido: “el campo”, con muchas diferencias internas, pero un planteo de revinindicaciones “federales contra el poder uinitarios que paga la chequera de la Rosada” como dijeron ayer en la Asamblea de Gualeguaychú.
GANANCIAS
-Resistió sin reprimir una huelga durísima con piquetes y desabastecimiento. Es un dato novedoso para la historia argentina en general y la reciente en particular. Aún con concesiones mantuvo el eje central de su decisión económica: aumento de las retenciones con un esquema móvil según precios internacionales.
-Cambió a tiempo el tono discursivo. De una oratoria irritante y agresiva pasó a una imagen tolerante y dispuesta a la negociación. En algunos tramos combinó ambos componentes.
-La propuesta final que permite suspender el paro tiene un sesgo progresista de reintegro a los menos poderosos y exclusión de los grandes terratenientes.
-Consiguió disciplinar a la mayoría del poder peronista, gobernadores, intendentes y legisladores.
-Hizo una reafirmación de autoridad política de la jefa de Estado y supo disimular la influencia de su marido en los momentos de zozobra.
-Recibió el apoyo de intelectuales y renovó el respaldo de las figuras más emblemáticas de las organizaciones de derechos humanos.
-Llenó –sin la masividad de otras jornadas peronistas– la Plaza de Mayo y la reafirmó como territorio propio frente a la amenaza de disputa por parte de nuevos cacerolazos y de marchas rurales desde el interior.
-Dejó en evidencia, una vez más, la debilidad –casi ausencia- de oposición política.
Fuente: Diario Crítica de la Argentina
