Cobos restó puntos en el seno del partido luego de desoír el consejo partidario en la polémica remoción de Redrado del Banco Central. En este contexto, la figura de Alfonsín aparece como una buena alternativa para ejercer un desgaste sobre el vicepresidente. En la cumbre de San Nicolás se darán los primeros pasos de la interna que viene. Quiénes apoyan a Ricardito.
Además de poner a Cobos entre la espada y la pared, la primera cumbre radical del 2010 en San Nicolás servirá para delinear estrategias y acuerdos en la interna de cara a las candidaturas presidenciales.
El diputado Ricardo Alfonsín y el senador y titular de la UCR Ernesto Sanz son simpatizantes de la idea de exigirle a Cobos que renuncie a su cargo en la vicepresidencia de la nación para dedicarse de lleno a la interna radical. Podrían enfrentarlo en lo que será el rearmado del partido con todos los referentes que quisieron pegar la vuelta luego de la fallida Concertación Plural. Morales también fue duro con el mendocino luego de la Bicameral y es el principal apoyo del hijo del ex presidente.
Es difícil que Alfonsín encuentre el consenso necesario para ser candidato de la fuerza, pero su figura aparece en alza luego del voto “si” positivo del mendocino. Hoy por hoy, Sanz aparece con más posibilidades. Con todo, los históricos armadores Leopoldo Moreau, Felipe Storani y Enrique Nosiglia, por ahora, apoyan a Cobos.
Desde el radicalismo abundan los cuestionamientos a Cobos, especialmente el que apunta al modo "aislado" en que maneja sus decisiones. La caída de la imagen del vicepresidente luego de su apoyo a la remoción de Redrado le abrió un camino al hijo del ex presidente fallecido.
Además muchos radicales creen que es mejor un buen segundo puesto con el hijo de Alfonsín que una victoria de, con o para Cobos. El hoy diputado profundizaría el discurso que cuestiona el doble rol del mendocino como oficialista y opositor, y va a reclamar su renuncia a la vicepresidencia de la Nación. Es una buena noticia para Kirchner, que buscará polarizar a todos los sectores rivales.
Por César Morielli
