Fue una estrepitosa caída. El martes 7 de noviembre, por la tarde, se vislumbraba que el megapoder que gozaba hasta ese momento George Bush, perdía fuerza paulatinamente. Ahora no le va a quedar otra que negociar todas las políticas hasta el 2008.
BUSH SE QUEDÓ SOLO Y EN PROBLEMAS
Por Emiliano Martínez
Fue una estrepitosa caída. El martes 7 de noviembre, por la tarde, se vislumbraba que el megapoder que gozaba hasta ese momento George W. Bush, perdía fuerza paulatinamente. Ya desde la campaña en el estado de Florida, el republicano y gobernador Charlie Crist, lo evitó haciendo un acto sin la presencia del mandatario.
Con la victoria demócrata en Virginia y Montana, los republicanos tienen ahora 49 senadores, frente a los 50 de los demócratas. La mayoría en el Senado y en la Cámara de los Representantes, actuará como freno a los últimos deseos de un Gobierno moribundo.
Uno de los primeros pasos hacia la transición que necesita Estados Unidos, fue la partida del Jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, quien fue reemplazado por el ex director de la CIA Robert Gates, una persona crítica frente a la forma en que se dirigió hasta ahora la guerra de Irak.
Respecto a estos nuevos acontecimientos en el seno del poder mundial, la popularidad de Bush descendió al 31 por ciento, según manifiesta una encuesta de la revista Newsweek. Como un efecto de inercia, así como después de la victoria en la Cámara de los Representantes sobrevino la caída en el Senado, la imagen del presidente sufrió el embate de estas ultimas elecciones.
BAJANDO A TIERRA
Según la encuesta que publica la revista el 78% de los interrogados se manifestó "preocupado" ante la posibilidad de que los demócratas retiren precipitadamente las tropas de Irak, y el 69% teme que el nuevo Congreso, con mayoría demócrata, impida al gobierno hacer lo necesario contra el terrorismo. Es que más allá de la “democratamanía”, lo cierto es que el pensamiento político de los norteamericanos, tiene su raíz en el pensamiento británico. En definitiva, solo existen intereses alrededor de todo el mundo, y esos intereses se van a defender con demócratas o sin ellos. Esto surge del pilar fundamental de la política norteamericana, que es la opinión publica. Los norteamericanos le bajaron el pulgar a Bush por las más de 2500 bajas desde que comenzó la invasión a Irak y los casi 18 mil heridos que volvieron a sus casas, amputados y con mas patologías sicológicas que con las que se fueron.
Sin embargo, casi un 70 por ciento de los norteamericanos opina que está a favor de la guerra contra el terrorismo. Esto, además de ser un síntoma del 11 de septiembre, tiene sus causas profundas en el mesianismo protestante que subyace en el pensamiento norteamericano. Incluso un anglicanismo predestinatario respecto del papel que tiene “Our America” en la historia, como la luz frente a la oscuridad europea, a la barbarie latina y arábiga. Posturas como las de Nancy Pelosi, a favor de los hispanos, pueden estar influidas debido a que los latinos representarán en 2008, cerca del 10 por ciento del electorado. Lo cierto es que el muro en la frontera con México se va a construir y dividirá dos posturas antagónicas en todo el continente.
MESIANISMO YANKIE
En julio pasado, el reverendo John Hagee de San Antonio llegó a Washington con 3,500 evangélicos para la primera conferencia anual de su organización “Cristianos Unidos por Israel”. El religioso aseveró en aquel momento que el conflicto con Irak es " una batalla entre el bien y mal " y que el apoyó a Israel era " la política exterior de Dios".
Este es el fundamento teológico de la acción política frente a los capitales sionistas que han hecho grande a los Estados Unidos, y que hoy piden ayuda a gritos para contener (o aniquilar) a Irán. De hecho, el pasado 13 de noviembre el Primer Ministro de Israel, Ehud Olmert, le reclamó a Bush que fuera más duro con Irán. Mientras que el premier británico, Tony Blair, exhortó a integrar a Teherán en la negociación de un plan integral de paz con Medio Oriente, que incluya a Irak. Esta es una verdadera encrucijada para Bush respecto de la postura diplomática que tendrá que tomar.
DE AHORA EN MAS
Lo que generó la avanzada norteamericana en Irak, fue una situación de distintos frentes de combate político. En el ámbito interno, como se sabe, tiene a las dos Cámaras en contra. La marcha de la economía –importante factor en las ultimas elecciones- va de mal en peor, con excesivo déficit fiscal, producto del gasto en la guerra: mas de 216 mil millones a lo largo de casi tres años. Además, aumentó la cantidad de estadounidenses no asegurados en materia de salud durante la presidencia de Bush. En 2000, 39.8 millones de americanos eran no asegurados, mientras aquel número se elevó a 46.6 millones en 2005.
Hacia el exterior, además de la situación en Irak, hay roces con el gobierno autocrático de Irán respecto al plan que tiene el régimen autocrático para enriquecer uranio. Por el mismo tema –además de las diferencias ideológicas- subsisten dificultades para un acuerdo con Corea del Norte. Sin embargo en este contexto internacional, donde Estados Unidos intenta justificar su política en Medio Oriente y Asia, Bush insiste en que el Senado apruebe un proyecto de cooperación nuclear con la India. Prueba del cinismo patológico y manifiesto de este nefasto presidente.
Sobre Irak -el tema más candente dentro y fuera de Estados Unidos- no hay certezas sobre lo que sucederá. Entre demócratas y republicanos se discute una retirada acelerada o en distintas fases. Quedaría una estación militar permanente en Kuwait, por si la policía iraquí no diese abasto con el nivel de violencia.
Por el momento, en las primeras semanas de diciembre el Grupo de Estudio de Irak, una entidad bipartidista, le entregará al gobierno un informe sobre la situación en el antiguo bastión de Saddam Hussein. Hay dos escenarios posibles. Si los 145 mil soldados se quedan, habrá mas derramamiento de sangre americana y la opinión publica reaccionará por ello. Si Estados Unidos decide irse antes de tiempo, el gobierno iraní aprovechará para financiar a la mayoría chiíta que gobierna Irak, algo que a Israel no está dispuesto a permitir. De todas maneras, muchos republicanos esperan que no sea justamente George W. Bush el que se tenga que ir antes de tiempo.
