En la semana que termina, Kicillof y el equipo económico lograron un acuerdo con el organismo acreedor. Desde el Gobierno, creen que el hecho facilitará las inversiones extranjeras y el financiamiento externo.
Por Pablo Varela
A inicios de la semana, el Ministro de Economía, Axel Kicillof, viajó a Francia, para encaminar las negociaciones con el Club de París, tal como se había informado durante el mes de abril, tras el último encuentro celebrado en febrero pasado.
Ya en la madrugada del jueves (Argentina), tras un maratónica jornada de diecisiete horas, el equipo económico logró cerrar un convenio con el foro de acreedores, para regularizar la deuda por 9700 millones de dólares (Capital), con 15 de los 19 países miembros del organismo. Alemania y Japón concentran el 60% de la deuda, mientras que Holanda, Italia y Estados Unidos tienen un 8% cada uno. Lo restante, son acreencias menores.
Poco menos del 50% de la deuda, fue contraída previo el restablecimiento democrático, (fundamentalmente durante la dictadura), mientras que más del 40% lo contrajeron los gobiernos de Menem y De la Rúa.
MECANISMOS PARA EL PAGO
El dato más sobresaliente del acuerdo es que el FMI no monitoreará los pagos. De las 59 reestructuraciones de deuda llevadas adelante por el Club de París, ésta será la primera vez que el organismo actualmente conducido por Lagarde, no intervenga.
De esa manera, la estrategia asumida por el equipo económico ha logrado sortear las auditorias e imposiciones del FMI, que en la gran mayoría de los casos, implica pérdida de soberanía y achicamiento de los márgenes de autonomía.
La Argentina deberá cancelar la deuda defaulteada en un plazo de entre 5 y 7 años. En julio próximo pagará la primer cuota por la suma de 650 millones de dólares, y en mayo próximo 500 millones más.
El acuerdo prevé que la Argentina abonará la suma mínima de 1100 millones anuales. Dicha cifra variará en función de la holgura de las cuentas públicas, y del nivel de inversión directa extranjera que suceda durante cada año. El Gobierno (el actual y el que lo suceda), si considera que las inversiones son escasas, podrá optar por pagar una cifra menor, siempre respetando el monto mínimo.
También la Argentina podrá optar por pagar la “cuota objetivo” por 2250 millones, accediendo así a una tasa de interés del 3% sobre los montos restantes. Pagando por debajo de esa cifra, la tasa de interés será del 4,5%. En caso de que la Argentina tenga aún saldo impagos para el sexto y sétimo año, la tasa de interés se elevará a 9%.
Huelga destacar que los años más complicados en término de pago de deuda son el 2015 (Boden 2015, pago en octubre por 5800 millones de dólares) y el 2017 (Boden X, pago en abril por 6800 millones de dólares).
IMPLICANCIAS Y REPERCUSIONES
La economía argentina ha pagado deuda pública por más de 170 mil millones de dólares en la última década. Dicha masa de recursos, ha surgido estrictamente del saldo comercial favorable inédito en la historia argentina.
Los hechos se explican a partir del default declarado por Rodríguez Saa, a fines del 2001, en medio de una crisis social inédita. Desde entonces, la Argentina ha sido “mala palabra” en los mercados internacionales.
Las tensiones producidas en los últimos años en materia de divisas obligaron al Gobierno nacional a dar un viraje en su estrategia de cancelación de deudas con reservas, para comenzar un camino de recomposición con el mundo financiero internacional. Gesto que implica una dosis de pragmatismo fenomenal.
Sin embargo, huelga destacar los esfuerzos realizados en pos de la recuperación de una herramienta económica: el endeudamiento. El problema no resulta del hecho de tomar deuda, sino de la calidad y condiciones de dicho endeudamiento.
El acuerdo ha sido celebrado por empresarios y por voces de la oposición política. Según información que circuló en un matutino de hoy, empresas líderes internacionales con inversiones previstas en el país, presionaron sobre el foro de acreedores para destrabar el conflicto.
La invitación a la cumbre de BRICS prevista para este mes en la ciudad de Fortaleza, Brasil, y el reciente acuerdo celebrado en París, dan por tierra con los habituales argumentos de “aislamiento”.
Quien asuma el gobierno en 2015, recibirá indefectiblemente un país más ordenado que el que recibió Néstor Kirchner en 2003.
El Gobierno (y los argentinos) enfrentamos dos dilemas históricos: la tensión en los precios (inflación), y la carencia de divisas (restricción externa). De cómo sortearlos, dependerá buena parte de nuestra suerte.
