A 30 años del regreso de la democracia, Eduardo Román, director de LaNoticiaWeb, dio su opinión acerca del acto conmemoratorio encabezado por la Presidenta en medio del clima social que atraviesan diversas provincias argentinas. Fue en el programa radial "Pasa de Todo".
En la última semana, la violencia y el caos terminaron dando una cifra de casi 10 muertos en todo el país. Fue una especia de olla destapada, que explotó en muchas provincias donde en general todos se conocen: los vecinos conocen a la policía y a sus dirigentes. Como al gobernador de Tucumán, José Alperovich, quien ante la amenaza de saqueos sacó a todos sus autos de sus concesionarias en toda la ciudad.
Una vez que eso estuvo planteado, pareció que hasta estaba el “ok” de la zona liberada. Y la propia Gendarmería ayer terminó defendiendo a la gente que era reprimida por la Policía de Tucumán y que no eran saqueadores, sino gente que estaba protestando porque no aguantaba más. Las fuerzas de seguridad, que estaban acuarteladas y a la tarde habían arreglado con el gobernador, terminaron reprimiendo a la manifestación cívica y pacífica de gente que quería que la dejen de saquear. Increíble.
Repasando la situación, si me dicen que bajar el acto de los 30 años de democracia es darle entidad y lugar a los violentos y anti-democráticos, es cierto. Hagamos el acto. Pero una cosa es volver a ver a la Presidenta para que nos refleje su pensamiento en un acto dentro de la Casa Rosada y otra es lo que vino después: una Cristina mal asesorada y rodeada de artistas populares que el kirchnerismo se va deglutiendo de a uno.
Muchos artistas han perdido prestigio. Porque, en medio de esta situación en Tucumán, que se puso más pesada a la noche, ver a Cristina con Fuerza Bruta, tocando una percusión y celebrando, cayó muy mal. No hay forma de defender una situación, más allá de celebrar la democracia, perfectible y que en estas fechas ha sido empantanada.
Por supuesto, los violentos están del otro lado y pueden volver en cualquier momento por todo. Cuando no son los militares, puede ser la cana, como le ha pasado al presidente de Ecuador, Rafael Correa: hoy los golpes institucionales no se dan a la manera de los ’60, ’70 u ’80 sino de otra forma.
¿Hay caldo de cultivo? Sí. ¿Tenemos una inflación galopante? Sí, y que no sabemos a dónde nos va a conducir. Todos los trabajadores piensan que el aumento a los efectivos de las fuerzas de seguridad puede dar pie para que el resto de los estatales pidan lo mismo, como sucedió en 1975. Cuando el caos terminó reinando en las calles, aparecieron Videla, Massera y Agosti creyendo que ellos tenían la solución.
Como fuerza policial, tienen que tener la posibilidad de reclamar. Pero esa arma, que se la dado el Estado para proteger a la ciudadanía, no puede de buenas a primeras dejarnos sin seguridad. Esto es como si en los hospitales públicos dejaran de atender las urgencias.
Está claro que la desprotección de la ciudadanía jugó a favor de la delincuencia y acá hay otra cosa. Todos sabemos que en la mayoría de las provincias las Policías son cómplices de los delincuentes y están asociados al delito, por eso no faltaba nada para que los saqueadores vayan por todo ya que no iban a ser reprimidos. Si Cristina habla de este tipo de organización, lo tiene que explicar mejor. Si no, sin hacer nombres y planteando la victimización y el complot, no se entiende nada.
Da vergüenza ver a los militantes de la década ganada vivar situaciones, con anteojeras y sin ver al costado lo que está pasando, planteando una mística que ya pasó. Hay otro país. Frente a esto, debe hacerse una autocrítica y ver cómo se sigue. ¿Por qué, en un acto institucional que debería ser de todos, se ubican Rodríguez Saa y De la Rúa que están hechos jirones en su prestigio? La militancia, dentro de la Rosada, ¿qué tiene que hacer ahí? ¿Para que se mezcla esta situación?
Los dos presidentes, en mi opinión, más importantes en estos años están fallecidos. Con lo cual, lo que quedaba para mostrar era a un De la Rúa procesado y un Rodríguez Saa, a quien no lo votó nadie. Eduardo Duhalde se excusó porque sabía que iba a ser chiflado. Y aparece Ricardo Alfonsín avalando una situación que nos tendría que explicar un poco mejor: primero pidió la suspensión, pero fue al acto institucional que terminó siendo partidario.
En esta situación de complot nadie se hace cargo de la parte que le corresponde. Por ejemplo, ¿por qué los salarios de las fuerzas de seguridad están el piso como están? Los gobernadores han hecho la vista gorda teniendo las fuerzas de la represión y la prevención del delito.
Hay todo un cóctel de una situación multicausal: la locura de diciembre, los reclamos que pueden ser legítimos, la cantidad de Policía exonerada que tiene ganas “de una revancha”, entre las barbaridades que se dicen. Y un Gobierno que la mira de costado y siempre “tira” lo mismo. Si uno enumera la cantidad de “complots” que hemos tenido en este país desde 2008 a la fecha, creo que hay tres por año.
La inseguridad creciente y la inflación hacen un cóctel explosivo, en el que aparecen los saqueadores oportunistas y los tipos a los que de verdad no les alcanza. Impunidad mediante, vemos al vicepresidente de la Nación, el tipo con mayor desprestigio de la dirigencia política del país, que en este momento está en Sudáfrica representándonos en el funeral de Mandela. Si quienes “chorean” a lo grande no van en cana, ¿qué va a pensar el saqueador?
Concuerdo con Cristina cuando, en la primera parte de su discurso de ayer, recuerda que esto ya ha pasado en otro 10 de diciembre y justo en estas fechas de memoria ocurren estos hechos. Pero después, sáquenle a la gente de ahí. Se empieza a envalentonar, se marea y plantea un complot. Entonces, toda la primera parte de un análisis muy lúcido se termina empantanando porque hoy todos los medios hablan de la victimización del Gobierno, como si no tuviera nada que ver con eso.
