El viceministro de Economía pasó un domingo soleado con su mujer y sus dos hijos en un club de su barrio. Pileta, amigos y sin contratiempos.
“Nosotros hacemos una vida normal, tenemos un perfil súper bajo y es la primera vez que nos pasa algo así porque hacemos vida familiar y salimos poco. Seguro que hay un montón de gente que no está de acuerdo con nosotros, pero nunca nos han puteado. Los que se nos acercan es para tirar buena onda”, decía Soledad Quereilhac, la esposa del viceministro de Economía Axel Kicillof luego de que toda la familia sufriera un escrache cuando volvía de unos días de descanso en Colonia, Uruguay, en un barco de la línea Buquebus.
Ese día había sido reconocido por al gunos pasajeros que le reclamaron por las restricciones cambiarias impuestas por el gobierno de Cristina Kirchner y lo señalaron como uno de los responsable.
A pocos días de ese episodio, sucedido el 4 de febrero, el viceministro pasó un día de relax con su familia en un club cercano a su casa en el barrio de Agronomía, de Capital Federal (no se lo identifica para preservar su intimidad). Lejos de los insultos, la tranquilidad y el clima familiar fueron las constantes de una tarde de domingo.
Axel y Soledad llegaron al predio temprano junto a sus dos hijos, de cuatro y dos años, saludaron a amigos y desplegaron loneta en el piso. Más tarde, llegó otro grupo de amigos con reposeras que compartieron. Al mediodía, la familia juntó todo y fue al comedor del club donde suelen almorzar para, luego, repetir la rutina mañanera: pileta, sol y mate. A veces, Axel se anima y hace asado en las parrillas del predio junto a los demás maridos. La familia ya es habitúe del lugar, hace dos años que le hacen frente a los fines de semana de extremo calor ahí. Si bien no hacen ningún deporte, sólo vida social, suelen pasar largas horas allí tomando mate con amigos y jugando con sus hijos, que ya tienen su propio círculo social. Aunque no son de quedarse hasta tarde. Sobre todo, por los menores, que al día siguiente van al jardín.
Eso sí, allí son uno más. No hay guardaespaldas ni autos blindados ni ningún tipo de medida extrema de seguridad que pudiera esperarse de un funcionario del Gobierno. Contrariamente, la familia es muy accesible y es saludada por la mayoría al llegar.
Allí no hay abucheos ni escraches. No se sienten incómodos ni angustiados, nadie les echa la culpa por lo mal que le va –como lo hizo una señora en el barco tras preguntarle dónde había conseguido los dólares para viajar– y sus hijos, al igual que el resto de los niños, se pasan la tarde jugando. Tampoco están en la mira de la gente, son uno más.
“Los medios contribuyen al clima social porque hablaron de las polémicas vacaciones de Kicillof. Quisieron hacer una operación sobre nuestra casa, dijeron que era una mansión de dos pisos, y es de medio pelo, muy modesta y sencilla. Siempre hay gente que va a pensar mal y se come ese verso, no es casual que ese fin de semana haya pasado eso porque hay medios que lo fogonean”, dijo tras el escrache Soledad, quien tiene un doctorado en Letras en la UBA, da clases de Literatura Argentina y es investigadora asistente del Conicet. Ella y su marido, en los ratos libres, disfrutan en familia.
FUENTE: PERFIL
