El gobernador no opinó del 8N. Tampoco otros mandatarios e intendentes. En su entorno creen que el reclamo fue direccionado exclusivamente a la Rosada y apelaron a una estrategia de probados resultados: silencio ante las tempestades políticas.
Por César Morielli
El cacerolazo y las marchas para protestar contra el gobierno nacional que se realizaron en todo el país el pasado 8 de noviembre generaron la opinión y debate en casi todo el arco político. Uno de los pocos que se mantuvo al margen fue el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, un dirigente que parece blindado a cualquier avatar de la coyuntura.
Otros mandatarios, tanto gobernadores como intendentes del Conurbano, también evitaron expresarse sobre el 8N. Parece una estrategia mesurada de aquellos dirigentes que fueron elegidos en las urnas encabezando listas. Las excepciones, en el oficialismo, fueron el chaqueño Capitanich y el entrerriano Urribarri.
Antes del 8N existió el 13 de septiembre, el primer cacerolazo contra el gobierno que encabeza Cristina Kirchner. En esa oportunidad el gobernador Scioli había opinado sobre las manifestaciones. "Hay que escuchar con mucho respeto y humildad a la gente", dijo en aquella oportunidad, diferenciándose de las críticas de los funcionarios de la Casa Rosada. Esta vez se llamó a silencio.
Quizás para meter púa dentro del oficialismo, Ricardo Alfonsín definió que “lo único que el Frente para la Victoria va a cambiar luego de la manifestación del 8N es la opinión que tiene de Daniel Scioli. Empezarán a verlo como el mejor estadista, el más leal y el más comprometido con el modelo”.
Además de ser una estrategia de cara a la opinión pública, fue un gesto que marcó diferencias internas. La Presidente habló sobre la marcha, pero el gobernador no. Es una manera de desentenderse de la obviedad del reclamo, dirigidos a la Rosada y no a la provincia de Buenos Aires. De hecho, dirigentes del sciolismo recorrieron plazas de La Plata y se retiraron satisfechos al no advertir protestas contra el gobernador.
Es una fórmula probada en el sciolismo: silencio frente a los momentos difíciles. Parece chiste, pero al gobernador nadie le pide que hable. La primera protesta para Cristina Kirchner fue que admita la marcha y declare sobre el tema.
Las únicas expresiones de Scioli fueron para repudiar la agresión sufrida en la Plaza de Mayo por el periodista del canal C5N Néstor Dib.
En la tropa sciolista, sólo dos senadores de La Juan Domingo se animaron a comentar el 8-N, vía Twitter. María Azucena Ehcosor (esposa del intendente de Hurlingham, Luis Acuña) se mostró "totalmente de acuerdo" con la protesta y calificó de "idiota" a la movilera enviada por el programa 678 a la Plaza de Mayo. El quilmeño Alberto De Fazio, por su parte, prefirió mirar para adelante. "El desafío es que muchos de estos que hoy protestan nos voten en 2013 y 2015", escribió. Un deseo que no pocos comparten en el sciolismo.
