Álvaro Garganta acusó a Mario Alberto Vargas por el delito de abandono de persona seguido de muerte. También imputó a tres presos por homicidio simple. La víctima, José Burela Sombra, había llegado de la Unidad 48 de San Martín. Las repercusiones de la visita de Mariotto.
El fiscal de La Plata Álvaro Garganta pidió la detención del director de la Unidad Penitenciaria 45 de Melchor Romero, Mario Alberto Vargas, por su presunta responsabilidad en el homicidio de José Burela Sombra, ocurrido el 31 de marzo pasado.
Para el fiscal, Vargas “puso a Burela Sombra en una celda cerrada, munido de un arma blanca, con internos de alta peligrosidad, quienes también se encontraban armados. Además, uno de los agresores tenía problemas previos con la víctima”. Garganta solicitó la detención del jefe penitenciario por el delito de abandono de persona seguido de muerte y acusó por homicidio simple a los internos Brian Carlucci, Ramón Torres Pedroso y Leonardo Caroni Piedrabuena.
Pero esta historia había comenzado 48 horas antes, a 70 kilómetros del penal platense. El 29 de marzo, el vicegobernador Gabriel Mariotto visitó el Complejo Norte de José León Suárez y recibió tres facas de los internos de la Unidad 48, que confesaron haber sido contactados por dos jefes del penal para matar a un interno que había denunciado atropellos de los guardias. Dos horas más tarde, Burela Sombra apuñalaba a Juan Romano Verón en el pecho. Por ese crimen, el asesino fue trasladado a la Unidad 45 de Melchor Romero, con alojamiento transitorio y bajo estrictas medidas de seguridad. Sin embargo, al llegar lo enviaron a una celda cerrada del pabellón 5, donde lo esperaban Carlucci, Torres Pedroso y Caroni Piedrabuena. Horas después, Burela Sombra fue asesinado de diez facazos.
Cuando se enteró de la muerte, Álvaro Garganta envió a un ayudante a la escena del crimen. “Los jefes del penal querían hacer cargo a otro preso, mientras que los verdaderos responsables lo señalaban como culpable”, recordó un vocero judicial.
Según las fuentes, la trama de los penitenciarios fue descubierta por el empleado de la fiscalía, que notó que uno de los declarantes estaba cortado en los brazos y llamó a Garganta para advertirle lo que estaba ocurriendo. El fiscal le ordenó que tomara una nueva declaración, esta vez con los tres testigos como imputados. Además, dos guardias que habían presenciado el crimen se “quebraron” y revelaron cómo habían sucedido los hechos.
La investigación de Tiempo Argentino pudo determinar que en la Unidad 48 de San Martín, Burela Sombra “estaba en el pabellón 4 de refugiados, junto con otros dos internos. Los tres trabajaban para el SPB: Burela Sombra era buchón. A Romano Verón, que estaba por irse en libertad, lo mató de onda”.
El muchacho, liberado hace pocos meses, añadió que “lo que pasó en la 45 es culpa de los penitenciarios; ellos miran nuestros legajos y ahí salta la ficha de quién tiene broncas y con quién las tiene. ¿Cómo lo van a mandar a un pabellón donde tenía damnificados?”
Ante Garganta, Brian Carlucci Bravo admitió que conocía a Burela Sombra de su paso por la penitenciaría de la zona norte del Conurbano. Así quedó asentado en la Investigación Penal Preparatoria, donde Carlucci Bravo refiere que “con Burela Sombra había tenido inconvenientes de convivencia”. En el pedido de detención, Garganta detalla que el presunto asesino señaló que “Burela fue enviado por las autoridades del penal” a su encuentro de forma premeditada.
