Si nos atenemos exclusivamente a la frialdad de los números, solo sabríamos que en 2012 Eva Duarte de Perón, cumpliría 93 años de edad. Resultaría insuficiente para recordarla en su verdadera dimensión. En estos tiempos en que lamentablemente, cada día extrañamos más el abrazo de amor que supo desempeñar a favor de su amado Pueblo Argentino.
Su vida se vio asignada por ese gran amor al Pueblo y a Perón, y su constante opción preferencial por aquellos que mas lo necesitaban.
Cuando le toco ser primera Dama, se convirtió en un ícono, de la ayuda por los pobres y excluidos de la Patria, promoviendo el reconocimiento de los derechos del trabajador y la mujer, entre otros derechos al sufragio femenino y una amplia tarea social a través de la Fundación Eva Perón.
En aquel momento, obviamente, no haba conciencia de que esa niña, que nacía, en un país donde los derechos de las mujeres eran seriamente restringidos, desde un humilde pueblo del interior bonaerense, sería la protagonista de los cambios mas trascendentes que se produjeron en la República desde ese entonces.
Si los peronistas y los argentino todos, nos ilustráramos solo ese riguroso e implacable rigor de los números, diríamos solamente cosas como estas; frases gastadas y datos estadísticos, que si bien son reales, no alcanzan para reflejar su vuelo solidario por encima de la injusticia y marginación, que tanto dolor causaban, y aun causan a las mayorías ignoradas y oprimidas. Únicamente nos quedarían comparaciones, casi siempre odiosas e irreconocibles.
Pero si esas distantes cifras, dan paso por un instante, al inmenso calor de su amor militante, nos mostrarían que cada día son más los que reconocen su trayectoria y su vida de entrega, aun a costa de su propia existencia, seguramente estaríamos más cerca de su real dimensión.
Sencillamente, por esas razones es que nos es posible cuantificar el amor que irradió en su vida.
Ante su ejemplo y su valor, se rinden los números y las estadísticas.
Ante la potencia de su mensaje se caen los poderosos y los enemigos del pueblo.
Ante la contundencia de su legado, temen aquellos que la odiaron.
Algunos pocos discuten todavía sobre sus logros, su trascendencia, su ejemplo y hasta detalles de su vida y su muerte.
Nosotros, elegimos seguir llamándola cariñosamente Evita, y llevar la misma llama encendida en nuestros corazones, mientras la sentimos eternamente presente en nuestra alma, y en cada día de lucha recordamos sus palabras:
“Como mujer siento en el alma la cálida ternura del Pueblo de donde vine y a quien me debo”.
¿Será por eso que cada 7 de Mayo se produce un nuevo alumbramiento? Debería ser una marca a fuego en los días por venir.
Mirta Ward
Concejal
Bloque Partido Justicialista

