Hace una semana un coro de economistas neoliberales presagió el fin del “viento de cola” que, supuestamente, sostiene al modelo productivo.
La ecuación es simplista: el crecimiento argentino se basa, esencialmente, en la venta de soja a China y la importación de productos –principalmente autos– por parte de Brasil. Entonces, una caída del consumo de Brasil y China debería afectar indefectiblemente a los dos pilares del crecimiento local. Nada de ello ocurrió y nada hace prever hoy que ocurra. China comprará más soja (ver pág 13), y Brasil está tomando las medidas para que la economía no se enfríe. El diagnóstico de los “expertos” parte de dos errores: en primer lugar, obvia, malintencionadamente, el impacto del consumo interno y el aumento de la inversión. Además, pierde de vista que Brasil y China cuentan con el poderío y la decisión de implementar políticas contracíclicas que hoy no tienen los EE UU y la UE. Es cierto que el mundo desarrollado vive una crisis sin precedente, pero esta vez la Argentina eligió los socios y el camino económico correcto.
