El radical y el peronista disidente mantienen un prudente silencio para no generar una crisis entre sus potenciales aliados. Dirigentes de ambos sectores pretenden lograr un avance concreto del acuerdo en la próxima semana.
Algunos radicales querrían imitar a Ricardo Alfonsín y pedir turno en un spa.
¿La razón? La tensión a la que llegó el vínculo con sus aliados del Partido Socialista por el acuerdo nacional los tiene en vilo. Y la decisión final de los principales dirigentes y operadores de la UCR de cerrar con Francisco de Narváez ha complicado la relación con sus anteriores socios políticos de un modo inédito.
Gerardo Morales y Ángel Rozas viajaron ayer hasta la provincia de Santa Fe pero el comité socialista que lo aguardaba no incluía a Hermes Binner. El gobernador se encuentra abocado a la interna santafesina del próximo día 22 y allí define la suerte de su proyecto político, según se encargó él mismo de declarar públicamente.
En las filas radicales, algunos se enojan con Binner y dicen: “Si su delfín Antonio Bonfatti pierde la interna, Binner se autoexcluirá de la competencia nacional. Y si la gana, querrá ser candidato a presidente. Y con nosotros, ese escenario es imposible; por eso mira hacia el lado de Solanas”.
Retirado hacia la pelea porteña, “Pino” necesita una figura fuerte y el santafesino sería un nombre ideal, en un factible binomio con Víctor De Gennaro. El cierre de esta mañana en la Ciudad, entre el socialismo, el GEN y Proyecto Sur suma millas para ese destino.
Por eso, los radicales se presentaron solos en la Ciudad que hoy gobierna Mauricio Macri y pretenden sumar en los próximos días a Graciela Ocaña, Jorge Telerman o Ricardo López Murphy.
Los socialistas no darán gesto alguno a favor de un gran acuerdo hasta después de su interna, pues no quieren perder ni un voto, como podría suceder si aceptan un arreglo con peronistas disidentes.
Pero “la” decisión es en el terreno bonaerense: Francisco de Narváez espera poder mantener una reunión importante con sus pares radicales en los próximos siete días y consolidar el vínculo con Alfonsín, tarea que encargará a sus operadores políticos Gustavo Ferrari y Daniel Amoroso.
Y así, romper el largo silencio del diputado peronista, motivado por la intención de no lastimar un acuerdo que considera crucial en su pelea con Daniel Scioli por la gobernación.
Ese acuerdo también es como agua para muchos radicales, que saben que necesitan los votos bonaerenses para soñar con un balotaje con Cristina.
Y después de todo, seguro habrá tiempo de un relajado spa.
