Mientras los guarismos mayoresistas se celebran, el mercado laboral registra una escalada preocupante de malas noticias.
El Gobierno presidencial ha impulsado un fuerte mensaje triunfal tras conocerse los datos del INDEC para mayo: una deflación del 0,3 % en los precios mayoristas respecto al mes anterior y una variación anual de 22,4 %, la más baja desde diciembre de 2017. La baja en los precios se debió principalmente a la caída del 4,1 % en los productos importados, mientras que los nacionales se mantuvieron en niveles estables.
En redes sociales, el ministro de Economía, Luis Caputo, comparó este dato con mayo de 2020 y afirmó que, ajustándolo, “es la única disminución en la serie actual”, resaltando las anclas fiscales, monetarias y cambiarias como ejes del éxito. El mensaje oficial pone énfasis en la idea de que la economía está bajo control, amparado por el respaldo técnico del FMI .
Pero… ¿qué pasa con el empleo?
Mientras los guarismos mayoresistas se celebran, el mercado laboral registra una escalada preocupante de malas noticias:
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La Voz del Interior, uno de los medios más tradicionales de Córdoba, apagó la impresión en su planta y despidió a trabajadores, dejando a empleados “vistiendo de luto” —una clara señal de vulnerabilidad en el sector de medios.
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Clariant, multinacional química, cerró su planta en Zárate y despidió a unos 50 trabajadores, justificando su salida como parte de una reestructuración global —otro golpe para el empleo industrial .
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Molinos Río de la Plata, con foco en la planta de Esteban Echeverría, aplicó despidos y ajustes salariales sobre un total de casi 200 empleados. El sindicato STIA denunció condiciones precarias y la ausencia de ART en accidentes laborales. Se impuso un paro total en la planta, mientras el sindicato advierte: “quieren producir lo mismo con menos gente… lo pagaremos con hambre de las familias”.
La deflación mayorista puede ser una buena noticia estadística y una carta en la campaña oficial para afirmar estabilidad. Pero detrás de esa cifra están presentes los indicadores de una economía con fajas fuertes: el ajuste en salarios, los despidos, y el cierre de plantas —una postal de lo que está ocurriendo en el mercado laboral.
Celebrar la disminución de los precios mayoristas mientras empresas emblemáticas cierran y los trabajadores pierden su empleo, revela una contradicción. El discurso oficial apunta a «ordenar cuentas», pero en paralelo la economía real de miles de hogares transita por la incertidumbre y la precarización.
La pregunta que queda en el aire es clara: ¿para quién es la deflación? Si la estabilidad macroeconómica se alcanza a costa de despedir trabajadores y vaciar plantas productivas, el Gobierno tendría que responder: ¿es este el camino de la prosperidad o una receta de ajuste que deja víctimas sociales?
