La decisión de reorganizar la UCR y de conformar el Acuerdo Cívico y Social que encabezó Gerardo Morales a nivel nacional, tuvo un estratégico y fundamental acompañamiento en nuestra provincia. Daniel Salvador como autoridad partidaria y Ricardo Alfonsín, como el dirigente más destacado, lideraron la lucha para sumar a Buenos Aires a ese proceso clave de la recuperación y renovación partidaria.
Por Juan Pedro Tunessi, Diputado Nacional UCR
La decisión de reorganizar la UCR y de conformar el Acuerdo Cívico y Social que encabezó Gerardo Morales a nivel nacional, tuvo un estratégico y fundamental acompañamiento en nuestra provincia. Daniel Salvador como autoridad partidaria y Ricardo Alfonsín, como el dirigente más destacado, lideraron la lucha para sumar a Buenos Aires a ese proceso clave de la recuperación y renovación partidaria.
Facilitar la reunificación del partido y la decisión de lograr acuerdos con los sectores afines a nuestro ideario, hizo posible ofrecer a la sociedad una alternativa a las dos variantes del peronismo. Desafiando todos los pronósticos, el resultado salta a la vista: la UCR acredita hoy más de 300 concejales, representación legislativa en todas las secciones electorales y una activa presencia en el bloque de diputados de la Nación.
No obstante no radica allí el mayor logro. Hemos recuperado la autoestima y el partido está movilizado. Volvimos a sentirnos orgullosamente radicales y alumbramos un nuevo liderazgo que nos devuelve acompañamiento social y mística partidaria para emprender la tarea. Ricardo Alfonsín, el gran emergente de ese proceso, representa un puente con la sociedad y nos coloca claramente ante una nueva oportunidad, para recuperar la credibilidad de la política y de la UCR.
El claro sesgo renovador, y la firme convicción en la lucha por recuperar un partido transparente, de buenas prácticas, alejado del corporativismo y los espacios de poder cristalizados y sectarios, amigable con la sociedad, ha hecho que muchos radicales vuelvan a creer en nuestra organización y a mostrarse dispuestos a que vale la pena un nuevo esfuerzo. Muchos vuelven de su ostracismo y otros regresan o están dispuestos a hacerlo desde espacios afines, en muchos casos generados por la intolerancia y la conducta expulsiva de nuestro propio partido.
Sin embargo, para no volver a equivocarnos, es preciso recordar que no todos los dirigentes acompañaron ese esfuerzo. Hubo quienes se opusieron decididamente a la política de acuerdos y sugerían que nuestro destino estaba una vez más atado al de alguna de las vertientes del peronismo, resignados a un rol de acompañamiento que les permitiría mantener el control de un partido cada vez más chico.
Son precisamente quienes preocupados sólo por preservar su pequeño espacio de poder, conspiran contra el surgimiento de un nuevo liderazgo, que lleve al radicalismo de Buenos Aires a ser alternativa en la provincia y basamento fundamental para la recuperación de la UCR a nivel nacional.
Nuestra lucha es consolidar un rumbo, acercarnos a la gente para que la sociedad haga de la UCR y sus ideas, el instrumento adecuado para cambiar la decadencia y combatir la pobreza. Somos garantes de la unidad, una unidad con contenido, respetando el derrotero que la sociedad nos ha trazado y que ninguna visión anacrónica y mezquina podrá ya impedir.
