El técnico de Racing se refirió al clásico de Avellaneda que su equipo ganó por 1-0, reveló sus sueños en su tercera etapa en el club y elogió a varios jugadores.
El entrenador de Racing, Gustavo Costas, aseguró este martes que no estuvo nervioso durante el clásico de Avellaneda que su equipo ganó por 1-0 porque manejaban el partido e Independiente estaba «casi regalado en defensa» y podrían haberle hecho dos goles más.
A su vez, el técnico de 60 años manifestó que si estaban más finos en la definición, el resultado hubiese sido más abultado todavía y reveló cómo vivió el clásico: «Son esos días que no querés que se terminen. Quería quedarme en el vestuario de Independiente todo el día. Este partido lo empezamos a ganar el día que perdimos con Godoy Cruz 2 a 0 y la gente empezó a cantar como si fuésemos ganando. Después el banderazo. Los chicos fueron al clásico muy confiados«.
Más allá de su opinión de desempeño del equipo de Carlos Tevez, el DT analizó el encuentro: «Sabíamos que iba a ser un partido difícil. Independiente venía muy bien. Los primeros 15′ minutos iban a ser importante sostenerlos, nos costó pero pudimos hacerlo. El equipo tiene mucha personalidad, había que sacarle la pelota y manejarla nosotros. Ellos marcan mucho en línea y teníamos que aprovechar eso con los movimientos de los dos puntas. Me gustó mucho más el segundo tiempo, el primero fue lindo para los neutrales porque hubo situaciones muy claras«.
Costas también reveló que está «contentísimo por el grupo que se armó» y suele hablar con todos los jugadores. «Me dieron más ánimos ellos que yo a ellos, veníamos de perder 2 a 0 y tenía miedo de que eso nos haya golpeado. Que la gente cante como si hubiésemos ganado le dio tranquilidad a los jugadores. Los noté muy bien», señaló.
Sobre la emoción que mostró en la conferencia de prensa después del partido, explicó: «Pensé que nunca iba a volver acá y que no iba a ser tanto el cariño de la gente porque las generaciones pasan y los más chicos que no te vieron jugar ni te conocen. A veces los más jóvenes me abrazan llorando, eso me conmueve. Son cosas que a uno lo van metiendo cada vez más. Este es el desafío más grande y más lindo de mi carrera».
