Con la renuncia de Jorge Molina, el Concejo Deliberante busca un nombre para la presidencia, que equilibre, posicione y normalice la actividad legislativa. El consenso, las necesidades de la gestión y la imagen del intendente, son elementos en juego. Aún no se vislumbra el de mayor peso.
Cerrada la lista peronista de Quilmes –con Gutiérrez a la cabeza-, queda en “disputa” el Concejo Deliberante, luego de las vueltas de Molina que terminaron en renuncia a la presidencia. Se habló del ascenso de un miembro de Unión Celeste y Blanco, como alternativa de equilibrio.
Ediles oficialistas y aliados se habían reunido en la casa ribereña de Molina, y se supo su renuncia, aunque los concejales que comían en una parrilla ubicada a pocos metros no la hacían pública. El ARI en pleno (Sahagún, Vallejos, Sánchez y Zárate), los camañistas Alberto De Fazio y Cora Otamendi, y Eduardo Miranda, mientras almorzaban, hablaban de la “ausencia de nombres” de reemplazo.
Los del oficialismo no cuajaron en su momento –cuando Molina renunció y volvió en pocos días-, como José Migliaccio (candidato a vice del PJ), y no serían acreedores de la primera banca. De Fazio, según muchas voces, no reúne el consenso suficiente. Un más neutro Filareti sonó con cierta posibilidad como pata gurzista –es decir, de un miembro de la Mesa de Unidad de Gutiérrez-, y Eduardo Miranda levantó expectativa, aunque se señala lo controversial que sería para Francisco Gutiérrez dar la presidencia del cuerpo a un sector distante de su partido.
Más desapercibida pasó otra posibilidad. El ARI tironeó por la reforma fiscal, y lograría imponer nuevos cambios al proyecto –como subas moderadas y un plan de pago para los deudores-, saliendo fortalecido. Aunque lo nieguen, acaso hoy sea el punto de apoyo más confiable del oficialismo –por su antianibalismo garantizado-, si bien no un aliado directo, por diferencias en parte emanadas de las respectivas cúpulas partidarias. Si la enemistad con Aníbal Fernández cambiara, sería otro escenario.
Una fuente conocedora del mundillo político local arriesgó un nombre femenino del bloque de los “lilitos” quilmeños. Pero no es el que más suena. Las peleas internas del peronismo impedirían el ascenso de uno de sus miembros, y aparece Miranda recibiendo “voces halagadoras” para hacerse cargo de la presidencia. Para él, el ARI es imprevisible porque no se sabe cuándo “el comandante en jefe” puede “ordenar el fuego”.
Por Ariel Kocik

