Ganar no es lo único. Lindo. Feo.
Por Felipe Nigoul
La belleza es el atributo que reconocemos como bonito. Pero por sobre todas las cosas, es subjetiva. Los gustos son propios y se forjan a través de experiencias vividas que indican qué es atractivo y qué no, qué gusta y qué provoca rechazo.
El fútbol no se baja de los estereotipos y suele darse por hecho qué es jugar “bien y bello”. Una idea ambigua que dio como frutos batallas históricas entre filosofías futbolísticas: Bilardismo o Menottismo, Cholismo o Bielsismo.
Esto despoja variantes y excluye tácticas. Al fin y al cabo, son las distintas formas de jugar lo que atrae al espectador. Atacar, defender, contragolpear, pelotazos largos, posesiones largas de balón… no hay UN estilo, son ilimitados.

Jugar bien significa que el estilo de juego da resultados, es efectivo, una estadística que no hay con qué refutar. En cambio, jugar lindo depende de los ojos del espectador y de sus gustos. Que solo sirva ganar significa que el desarrollo de juego que se forje mediante la práctica solo tiene un objetivo. Que sea efectivo. Luego para gustos, los colores. Cada persona tiene la libertad de opinar si es atractivo o no, pero no desprestigia el “cómo”. Al contrario, el estilo de juego es crucial para lograr el resultado.
Entrando de lleno en la grieta futbolística, hay una inmensa minoría que dice: “Ganar importa, pero no es lo único, también importa el cómo”. Yo pienso que quieren decir que hay equipos que ganan jugando “feo” y minimizan su trabajo. Vaya casualidad, los planteles que suelen ser calificados de esa manera juegan replegados. ¿Hay una regla que dice cómo jugar al fútbol “lindo»? Que yo sepa, no.
Para ir cerrando el concepto, voy a utilizar como comodines dos estilos ganadores pero de diferentes cepas y épocas:
Uno, Estudiantes de La Plata de Osvaldo Zubeldía. Por esa época, finales del 60’ y principios del 70’, el fútbol no estaba tan avanzado como en estos tiempos en cuanto a la táctica. Estaba mal visto estudiar al rival, practicar la pelota parada, realizar faltas tácticas (variante que utiliza mucho el “jogo bonito” de Gallardo). Entre otras cosas, por esto llamaban antifutbol a aquel equipo que logró ganar un campeonato local (siendo el primero de los llamados “chicos” en lograrlo), una copa Intercontinental y tres Libertadores ni más, ni menos. El principio fundamental era el trabajo y esfuerzo como regla innegociable.
Luego, el Manchester City de Josep Guardiola, el tercer entrenador con más títulos de la historia. Pep logró salir de la etiqueta (mal puesta) del «jogo bonito» como base en su esquema y en su última exhibición de la actual Champions League dio una Masterclass de fóbal e integró todos los esquemas que antes luchaban entre sí.

Por la semifinal de dicha competencia, los “blues” se enfrentaban al PSG que venía de eliminar en octavos al campeón de la temporada pasada.
La ida fue victoria en el Parque de los Príncipes por 2 a 1 con su típico juego ofensivo y sin referencias en el ataque. La sorpresa se daría en la vuelta. El equipo de Pep en su propia casa y con el resultado a favor, se replegó en su campo, ocupó todos los espacios posibles y jugó al contragolpe. El equipo parisino no tuvo chances de ni siquiera acercarse al resultado. Guardiola estudió al rival, preparó la carnada y el pez cayó en su trampa. Fue un baile. 2 a 0 ganó Manchester City, 4 a 1 en el global. Desde la pizarra se definió el partido.
“A la gloria no se llega por un camino de rosas”.
Este deporte es uno de los más maravillosos que existe. Infinidades de tácticas y formas de jugar. Esta lucha de opuestos no contribuye al juego, solo cierra puertas a la creatividad y no la dejan volar. Mientras que muchos se aíslan en un estilo y discriminan otros, pocos son los Pep Guardiola que vuelan fuera de cualquier encasillamiento.
