31 años de la etapa más negra de la historia, aún la herida sigue abierta. Hoy, más de tres décadas después, la Justicia asoma diferente. No por moda o por agenda oficial, sino por el trabajo de distintos sectores que jamás abandonaron la lucha.
Por Mara Fernández Brozzi
Treinta y un años de aquella madrugada de horror. Treinta y un años de cargar con la falta de justicia y la memoria falible de un pueblo que no siempre recuerda todo “siempre”.
Memoria selectiva que olvida, que perdona, que condena, que vuelve a olvidar, vuelve a perdonar, vuelve a condenar.
El camino no fue lineal, la justicia no fue para todos, la memoria se durmió ratos largos en la infamia de una anhelada reconciliación nacional, los pasos no fueron rítmicos en este sendero, no para todos claro. Están los que sí marcaron el trayecto con coherencia y constancia, con resistencia y valor. Están los que no, los que hoy se suben a trenes de los que antes se bajaron, los que aún hoy siguen desviando la visión hacia nuestro pasado presente.
Presente que exige y pelea, que no olvida hoy como no olvidó ayer, que grita Memoria y respira Justicia.
Una Justicia que vino y se fue, esporádica como nuestro mismo pueblo, esporádica en la perseverancia y la resistencia, intermitente en la exigencia y el reclamo, sorda, ciega, muda, sucia, camaleónica y cobarde, valiente y decidida, Justicia que se instaló sólo por segundos casi y no condenó con fuerza cuando tuvo la oportunidad de hacerlo. Luego volvió y arremetió perdones manchando la historia y la vida de quienes ya no están, de los que todavía estamos, perdonó asesinos y aplaudió libertades.
Hoy regresa con ansias de ser ella en este tiempo, con resabios de monstruos que aún hoy permanecen siendo, con martillos con ganas de golpear y condenar y otros que titubean en el golpe y benefician con su acción no acción a cientos de asesinos.
Treinta y un años de una noche que nos marcó para siempre, como pueblo que sangra, que canta perdido en el tiempo las mismas consignas que lleva la lucha, como partes de este todo que somos en una y todas nuestras diferencias. Y Aleluya por ellas, por ser distintos en lo que queremos y por lo que peleamos, por separarnos y no querer perdones que puedan arrimarnos, por la parte rara o la oveja negra, la pierna coja de un sistema que pretende que el paso sea igual en la inercia de todos los movimientos.
Hoy no cantamos victoria, como no lo hicimos antes, sólo caminamos rengos, pero fuertes, rengos porque los 30.000 son esa otra pierna que ya no está para marcar el ritmo, pero sí marcan y marcarán ese horizonte de algo distinto, porque rengos llegaremos más lejos en el “no abandono de esta causa nuestra”. De una parte de la sociedad, que puede parecer nada a los ojos de quien mire con ganas que así sea, pero uno a uno somos muchos los que estamos sumando voluntades e ideales de Justicia, de Verdad.
Porque uno a uno somos muchos Compañeros.
Puede que este artículo, se deslegitime desde el argumento de “no objetividad”, “no periodístico”, pero sería en todo caso distintas maneras de concebir lo periodístico, y de ver la objetividad, o de buscarla, se trata después y antes de todo de posicionarse uno, desde uno mismo, desde lo que cree, lo que busca, lo que siente. Y por este creer, por este buscar, por este sentir, mis palabras no pueden más que decir lo que tienen que decir, desde mí, y desde tantos “no mí” que son iguales en todas mis subjetividades.
Porque busco, porque creo y porque siento que “con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero”.
