Ya es el cuarto día de paro. Los cruces de palabras entre el gobierno y los productores presuponen una dura negociación.
Por Emiliano Martínez
Los controles de precios del gobierno están haciendo agua. Desde el pasado 3 de diciembre, los productores agropecuarios comenzaron un paro, que se prevé, durará varios días más. En el medio, comienza a haber temor en los consumidores por desabastecimiento, y lo que conlleva este, que es aumento de precios.
En declaraciones a radio 10, la jefa del Palacio de Hacienda insistió en que "la situación del campo comparada con el conjunto de la sociedad es sustancialmente superior" y volvió a calificar de "paro ideológico- político" a la protesta de nueve días convocada por Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Federación Agraria Argentina (FAA) y la Sociedad Rural. En esto puede que tenga razón. Es histórico el conflicto entre el campo y la ciudad. Más bien entre la Capital y las provincias. Según la Federación Agraria Argentina “para un cultivo rentable como la soja, por ejemplo, el tres por ciento de los agricultores concentra el 70 por ciento de la producción”.
En esos casos es el Estado quien debe intervenir, no en la política de precios sino más bien en regular el mercado, priorizando el bien común y eliminando el desequilibrio que pueda llegar a existir. Eduardo Buzzi, presidente de FAA, señaló: “Con esto demostramos que el paro agropecuario de esta semana no es solamente la foto de los corrales de Liniers vacíos. Porque son miles los productores que en estos días van a estar haciendo tractorazos, reclamando para no caerse del mapa”.
El Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, dijo que "la gente tiene que estar muy preocupada por cómo actúa la gente del campo con el resto de los argentinos", y subrayó que el sector agropecuario "nunca ganó tanto dinero como en este tiempo y nunca ha expresado tanto desprecio por el resto de los argentinos como en este tiempo". Si hay algo que es cierto, y que molesta a los argentinos es que la carne últimamente se acerca a los precios internacionales, en un país donde se cobra y se paga en pesos.
Fernández siguió pegando: "Todos celebramos que la Argentina esté viviendo un tiempo de prosperidad y que eso suponga que a algunos les vaya muy bien en sus negocios, pero me parece inaudito que la gente del campo pretenda que los argentinos paguen el trigo como aquellos habitantes del mundo que carecen de trigo, o que paguen la carne como aquellos habitantes del mundo que no tienen carne”.
El conflicto tiene la protesta en conjunto de Federación Agraria Argentina (FAA), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y la Asociación Argentina de Productores de Porcinos (AAPP), los ruralistas se manifestaron disgustados con el gobierno nacional por su inoperancia frente a la crisis de la producción porcina. Quieren que se reduzcan las importaciones, y promover el consumo de carne de cerdo. Lo que sería posible, si esa carne tuviese un precio accesible, cosa que por el momento no ha sucedido. Los precios, lo único que hacen es restringir más el consumo y crear suficiente reserva para las exportaciones. Es que la situación del sector porcino se agravó en el último tiempo debido a la suba del precio del maíz -su principal insumo - y a las importaciones de carne de cerdo de Brasil que vienen realizando algunos frigoríficos argentinos
Respecto a este tema Buzzi explicó que “en algún momento el cerdo bajó de 3 a 2 pesos para el productor pero no bajaron ni el chorizo ni los fiambres en las góndolas, que es lo que maneja la industria frigorífica y los hipermercados. Por eso -agregó- se podrían recomponer los precios del productor sin que eso modifique ni en diez centavos lo que pagan los consumidores. Esto no se hace porque, evidentemente, hay sectores concentrados que definen a favor de su rentabilidad, sin límites”.
Lo que están solicitando los productores agrícolas son los siguientes puntos:
-Transparencia en la formación del precio de la carne y contra la transferencia de ingresos de los productores hacia los frigoríficos y los hipermercados.
-En solicitud de una política de desarrollo rural mediante instrumentos gubernamentales que jerarquicen a la Agricultura Familiar.
-En reclamo de políticas activas promotoras de la producción porcina. Inmediata suspensión de las importaciones.
-Por la resolución definitiva del endeudamiento de casi 10.000 productores con el BNA.
-Por un fondo específico para el desarrollo de las economías región
Hay una realidad. Vender al exterior ha traído sus beneficios, no solo a los productores, sino también al gobierno. En gran medida, debe agradecerle a ese sector, porque las retenciones a las exportaciones (entre otros gravámenes) permiten que la Argentina tenga hoy más de 30 mil millones de dólares de reservas. Pero también a hay otra verdad, y es que hay un defasaje entre lo que se produce y los contratos de exportaciones. La expansión del mercado agropecuario argentino hacia el exterior si bien trajo beneficios económicos, también crea un problema a nivel local, que es el de la oferta, tanto en cantidad como en calidad.
Es necesario que el Gobierno diagrame una política productiva en conjunto con el sector agropecuario, especialmente los de nivel medio, para ampliar la producción de manera que la oferta aumente y los precios bajen. Por otro lado, evitar que un pequeño grupo de empresas controle el 80 por ciento del mercado.
