Son 2.300.000 personas en la Argentina las que están esperando este acuerdo. Son 360.000 familias que no tienen garantizada su comida las que están esperando que el resto del país, fragmentado y envuelto en un clima ríspido, les preste atención.
Son 2.300.000 personas en la Argentina las que están esperando este acuerdo. Son 360.000 familias que no tienen garantizada su comida las que están esperando que el resto del país, fragmentado y envuelto en un clima ríspido, les preste atención. Sencillamente, que los tengan en cuenta. Estos indigentes, estos "hambrientos", escuchan teorizar sobre el hambre desde hace décadas. Hoy quieren respuestas concretas. No más palabras.
Tengo la sensación de que las intenciones de la Iglesia, la oposición y el Gobierno se han acercado lo suficiente como para dar este paso tan importante para los más postergados, los mismos que, curiosamente, viven una situación muy particular: prácticamente nadie les pidió su opinión y no han formado parte de ningún debate. Pero podemos suponer que, si se les pregunta a tantas mamás y papás de un país donde cada día mueren ocho chicos por desnutrición, no querrían escuchar más palabras. Están sobreviviendo y quieren pasar de sobrevivir a vivir. A vivir dignamente.
Creo que el Gobierno recibió aportes de todos los partidos políticos, de la Iglesia y las comunidades religiosas, de los sindicatos y las organizaciones sociales. Creo que los reunió y les dio forma en esta asignación universal, que representa también la posibilidad de que esta Argentina tan fragmentada se reúna -algo que no sucede desde hace mucho tiempo- para abordar en comunidad la problemática del hambre.
Me parece que podemos dejar de lado nuestros egos; es el momento de construir. Todos los programas sociales merecen un debate y son perfectibles, pero creo que este acuerdo de tantas partes no tiene un valor menor, más aún en el momento que nuestro país transcurre. Entiendo que el debate tiene que continuar, pero es posible que, a partir de hoy, y tal vez en serio, estemos más cerca del hambre cero en la Argentina.
Por Juan Carr, director de Red Solidaria
