En la Rosada se molestaron porque “se cortó” solo con un tema sensible donde hay diferencias políticas de abordaje. En el kirchnerismo no quieren jugar al ritmo de Massa y dejan solo al ex motonauta. La opinión de Sergio Uribarri
Por César Morielli
Apresado por los reclamos de la ciudadanía y la actitud de los sectores opositores, el gobernador bonaerense Daniel Scioli decretó el pasado sábado la emergencia en Seguridad en la provincia de Buenos Aires. La decisión trae un paquete de medidas para intentar contener la andanada de hechos violentos y delictivos en los próximos 12 meses. Con la jugada, el ex motonauta muestra firmeza política frente a Sergio Massa, que había instalado el problema hace un tiempo y lo refrescó con el debate de la reforma del Código Penal, y también frente al gobierno nacional, que siempre se mostró esquivo a enfrentar con contundencia el flagelo. Scioli hizo un movimiento arriesgado y habrá que esperar para saber cuáles son los resultados.
El gobernador comentó sus intenciones al Jefe de Gabinete de la Nación Jorge Capitanich 24 horas antes. Nadie del kirchnerismo lo acompañó. Incluso el vicegobernador Gabriel Mariotto pegó el faltazo al anuncio del sábado. Solamente la tropa fiel y cercana del ámbito bonaerense acompañó a Scioli.
Sin embargo, cada vez más, los movimientos de Scioli afectan al gobierno nacional. Ya había sucedido con el reclamo de los docentes. Y ahora, en la Rosada analizan medidas de control a motochorros y a inmigrantes, además de sugerencias a jueces que sean más rigurosos y contengan la liberación de delincuentes. El secretario Sergio Berni es el contacto que dialoga con el presidente de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti. En lo público, el discurso del kirchnerismo es el de contención a la ola de robos, violencia y linchamientos. Además del Jefe de Ministros, el secretario de Legal y Técnica Carlos Zannini, y el ministro de Justicia Julio Alak, no quieren que estas decisiones tomen estado parlamentario.
Con los ánimos caldeados, el oficialismo quiere afrontar la problemática en momentos más tranquilos. También se frenó el debate por el Código Civil. No quieren hacerle el juego a Massa, y tampoco a Scioli. La intención es sacar la inseguridad de la agenda.
En el gobierno hay histórico malestar con Scioli. Y cada paso del gobernador es un acercamiento o una nueva distancia. Ahora, creen que buscó diferenciarse de Cristina con un acto electoralista para buscar instalar su imagen de presidenciable. De hecho, en su discurso, a diferencia de lo que hace habitualmente, no tuvo ni una palabra para mencionar a la primer mandataria. En la Rosada el gobernador hizo anuncios de tipo administrativos para redireccionar fondos, y argumentan que en realidad los índices de delito bajaron y que gracias a eso Berni fue postulado para ser delegado de INTERPOL.
Otro tema que molesta es el extenso conflicto que hubo con los docentes, por falta de fondos para aumentar los sueldos. Pero de buenas a primeras aparecieron 600 millones para seguridad. Dicen que el Presupuesto docente ya cubrió sus capacidades en el primer cuatrimestre del año.
Entre las diferencias, el ministro de Seguridad bonaerense Alejandro Granados admitió que la inseguridad es real. Y Berni contradijo a Capitanich al advertir que la inseguridad es responsabilidad del delito y no de los medios. Muchos cruces.
Lo que no advirtieron, es que en el paquete de medidas anunciadas por Scioli, el ex motonauta también lo madruga a Massa, que suele publicitar sus propuestas en seguridad. Entre otros, el gobernador dice que buscará crear 10 fiscalías especializadas en narcotráfico, que las excarcelaciones se hagan en una audiencia oral y pública, reclamó el pronto tratamiento del proyecto de ley sobre policías comunales, ampliará el espacio para detenidos en los juzgados de instrucción, y convocó al Consejo Provincial de Seguridad, a la Mesa de Justicia y a la Federación Argentina de Municipios (FAM). Todas iniciativas que con algún detalle más o menos eran solicitadas desde el Frente Renovador.
CRÍTICAS
Un nuevo presidenciable en el universo K, el gobernador entrerriano Sergio Urribarri, festejó que Scioli se haga cargo del problema, pero criticó q porque no lo hizo antes. El mandatario se define como la “continuidad explícita” de Cristina y dice que el bonaerense "es un aliado pero encarna un nuevo proyecto con otros actores y otros amigos". A Massa lo define como “bluff, que habla de renovación y tiene de bastoneros de su campaña a Barrionuevo, Moyano, Duhalde y varios otros personeros del fracaso. No creo que pase mucho tiempo para que la sociedad descubra esto que estoy diciendo ahora".
Juan Carlos Molina, titular de Sedronar, eligió Twitter para fustigar a Scioli. "Hay que incorporar 15 mil policías retirados y 15 mil maestros, médicos, obreros, psicólogos, enfermeros, operadores". Y pide que "subvencionemos los botones de seguridad y también los comedores, los pequeños hogares, las CT". Siguió mencionando a @danielscioli para que “compren muchos chalecos y balas, pero también tripliquemos las becas deportivas, culturales, terapéuticas".
Además, postula: "Hagan muchas cárceles, pero quintupliquen los lugares preventivos, educativos, deportivos y terapéuticos". Y pide que los intendentes bonaerenses "controlen las motos, y también a los que venden alcohol y a las farmacias que venden psicofármacos sin control"
