Las lesiones de Lucas Viatri y Juan Román Riquelme preocupan a Falcioni, a quien lo respalda una solidez en el fondo envidiable: el equipo recibió sólo dos goles en once partidos, marca inédita en torneos cortos.
Si Boca logra cerrar el año con la foto de campeón, probablemente no vaya a quedar eternizada la delantera que lo condujo hacia el título. Y es que, a falta de una gran efectividad (marcó apenas 12 goles en 11 fechas, y una sola vez ganó por más de un tanto, en el triunfo aplastante sobre Unión por 4-0), Julio César Falcioni perderá a un soldado de primera línea como Lucas Viatri, nada menos que el llamado a reemplazar a Martín Palermo. Como si fuera poco, Juan Román Riquelme volverá a ser una incógnita de cara al próximo partido (vs Colón, el martes 25).
Como contrapartida, el equipo "xeneize" basa su éxito en una defensa impenetrable, que recibió apenas dos goles en contra en lo que va del Apertura, todo un récord en más de 20 años de torneos cortos. ¿La razón? Tras un Clausura penoso en este aspecto, cambiaron las piezas y la última línea no tardó en acoplarse. El fenómeno tiene nombres propios.
Agustín Orión aporta seguridad en el arco, algo que no lograron nunca Christian Lucchetti ni Javier García. El ex Estudiantes corta bien los centros y tiene voz de mando. Suficiente para sostener un rendimiento parejo, porque a Boca tampoco le llegan tanto.
Rolando Schiavi aportó experiencia y presencia y, por si fuera poco, potenció el rendimiento de Juan Manuel Insaurralde, el central que no había andado bien la campaña pasada junto a Matías Caruzzo. El equipo ya no sufre por vía aérea y no es poco.
En los laterales, Facundo Roncaglia volvió del "Pincha" y se ganó rápidamente el puesto en el carril derecho, por donde a veces se proyecta y el resto del tiempo se limita a cuidar su zona, en buenos relevos con Diego Rivero. Enfrente, Clemente Rodríguez surge como el más ofensivo de la línea: intenta sumar en ataque y, para que sus espaldas no queden descubiertas, Insaurralde suele cubrir el hueco.
Boca tiene un funcionamiento aceitado en defensa y lo logró contra todos los pronósticos. Se asume, más allá de los cuatro del fondo y el arquero, que existe un mayor compromiso en todo el plantel, hecho que se traduce en el campo de juego. Es fácil: para que los rivales lleguen poco es fundamental la tarea de los mediocampistas, particularmente en la zona de contención, con Leandro Somoza, Walter Erviti y el mencionado Rivero.
Para los memoriosos (o los veteranos), este equipo quizá recuerda más a aquel sólido Boca de Juan Carlos Lorenzo que al de Carlos Bianchi, igual de compacto pero con figuras más decisivas en ataque. Comparaciones al margen, la racha invicta de 21 partidos y los seis puntos de ventaja sobre sus escoltas le alcanzan para soñar despierto, así aparezcan lesiones malditas decididas a arruinar un domingo tranquilo.
