El Gobierno buscó sostén político en las provincias, pero el recorte de casi $2,5 billones tensó la relación con los mandatarios. La poda sobre fondos federales y ATN dejó a varias administraciones al límite y complicó la estrategia oficial de construir poder territorial.
La lógica política del Gobierno de Javier Milei entró en una contradicción difícil de ocultar. Mientras la Casa Rosada necesitó de los gobernadores para sostener leyes clave, bloquear ofensivas opositoras y garantizar estabilidad institucional, el Ministerio de Economía avanzó con un ajuste que golpeó de lleno las cuentas provinciales. La ecuación empezó a mostrar sus límites: sin recursos, la gobernabilidad también se resquebraja.
La semana pasada, la Decisión Administrativa 20/26, firmada por Luis Caputo y refrendada por Manuel Adorni, ejecutó un recorte presupuestario cercano a los $2,5 billones. Se trató de la poda más fuerte desde el primer año de gestión libertaria. El dato político apareció en otro número: alrededor de $1,3 billones impactaron de manera directa o indirecta sobre las provincias.
El golpe llegó sobre administraciones que ya arrastraban una caída severa de ingresos. Durante el primer cuatrimestre, las provincias perdieron otros $1,4 billones por la baja de la coparticipación. En varios distritos, el deterioro financiero empezó a sentirse en obra pública paralizada, dificultades para afrontar aumentos salariales y una mayor presión sobre las cajas previsionales provinciales.
El ajuste también afectó áreas sensibles para la relación política entre Nación y provincias. El Ministerio del Interior sufrió un recorte del 38,4%, mientras que el fondo de Aportes del Tesoro Nacional quedó reducido a poco más de USD 86 millones para todo el año. Los ATN funcionaron históricamente como una herramienta de auxilio político y financiero para los gobernadores. Con esa caja casi vacía, el margen de negociación de la Casa Rosada quedó mucho más limitado.
La paradoja resultó evidente dentro del propio oficialismo. Hace apenas un mes, Caputo propuso ante la mesa política avanzar hacia un acuerdo amplio con una decena de gobernadores para consolidar una señal de gobernabilidad. La estrategia buscó construir una mayoría estable en el Congreso y contener posibles crisis políticas en las provincias. Pero el recorte avanzó en sentido contrario.
En varias gobernaciones apareció la misma lectura: la Nación exigió acompañamiento político mientras retiró recursos indispensables para sostener la gestión diaria. La tensión no pasó solo por la obra pública o los fondos discrecionales. También surgió preocupación por el impacto social del ajuste en distritos que dependen en gran medida del empleo estatal y de las transferencias nacionales.
Los gobernadores dialoguistas sostuvieron hasta ahora una posición pragmática frente a Milei. Muchos evitaron confrontaciones abiertas y facilitaron acuerdos parlamentarios. Pero el endurecimiento fiscal empezó a modificar el clima político. En privado, varios mandatarios admitieron que el margen para acompañar nuevas medidas comenzó a achicarse.
La preocupación creció incluso entre aliados circunstanciales de la Casa Rosada. Algunos mandatarios interpretaron que el Gobierno concentró toda la estrategia económica en el equilibrio fiscal sin medir el costo político sobre las provincias. Otros señalaron que el Ejecutivo nacional descargó parte importante del ajuste sobre administraciones provinciales que ya enfrentaban caída de actividad económica y menor recaudación propia.
El problema para Milei no apareció solo en el frente fiscal. También surgió en el terreno político. La gobernabilidad que el oficialismo buscó construir con acuerdos territoriales empezó a chocar contra el propio diseño económico de Caputo. El ministro necesitó respaldo de los gobernadores para sostener el programa libertario, pero el ajuste debilitó a esos mismos actores en sus distritos.
En la Casa Rosada todavía confiaron en que la recuperación económica recomponga parte de la relación con las provincias. Sin embargo, varios gobernadores empezaron a reclamar señales concretas. Algunos pidieron reactivar obras paralizadas. Otros exigieron mayor asistencia financiera o una distribución menos restrictiva de fondos.
La discusión dejó expuesto uno de los dilemas centrales del modelo libertario. El Gobierno buscó sostener un ajuste extremo mientras intentó preservar acuerdos políticos básicos para evitar conflictos institucionales. Pero la política territorial argentina mantuvo una regla histórica que ningún gobierno logró modificar del todo: sin recursos, no existe alianza duradera con los gobernadores.
