El informe también refleja la brecha de desigualdad entre clases sociales.
La tasa de pobreza en la Ciudad de Buenos Aires se ubicó en el 17,3% al cierre del tercer trimestre de 2025, lo que representó una caída de 10,8 puntos porcentuales respecto del mismo período del año anterior, según informó el Instituto de Estadísticas y Censos del Gobierno porteño. En tanto, la indigencia alcanzó al 5,3% de la población, frente al 11% registrado en 2024.
Medido por hogares, el 13,7% se encuentra en situación de pobreza y el 4% en condición de indigencia. De acuerdo con los datos oficiales, esta evolución implicó que unas 334.000 personas y 111.000 hogares salieran de la pobreza en términos interanuales. Se trata de la cuarta baja consecutiva y, según el organismo estadístico, la mejora se explica por aumentos de ingresos —laborales y no laborales— que crecieron por encima de la inflación durante el período analizado.
Sin embargo, detrás del descenso agregado, el informe vuelve a poner en evidencia la desigualdad estructural que atraviesa a la Ciudad. Mientras algunos sectores lograron recomponer ingresos, amplios grupos continúan con dificultades para afrontar el costo de vida, especialmente en un distrito donde el precio de los servicios, el transporte y la vivienda tiene un peso decisivo sobre los presupuestos familiares.
Además, la metodología utilizada para medir la pobreza es objeto de fuertes cuestionamientos. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) advirtió que la Canasta Básica Total (CBT) “subestima el peso de los servicios y el transporte” y señaló que los cambios introducidos en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) “elevan el ingreso medido sin reflejar mejoras reales”. Según el centro de estudios, esto deriva en “una medición de pobreza con problemas de comparabilidad y confiabilidad”.
En la misma línea, el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) sostuvo que, en contextos de alta volatilidad económica, la medición de la pobreza por ingresos no logra captar adecuadamente los cambios reales en las condiciones de vida, sobre todo cuando se producen alteraciones en la estructura de precios y en los instrumentos de medición de los ingresos.
Más allá de la polémica, el informe oficial destacó una mejora en la situación de niños, niñas y adolescentes. La pobreza en el grupo de 0 a 17 años pasó del 42,6% al 27,1% en un año, aunque el nivel sigue siendo sensiblemente más alto que el promedio general, lo que expone una desigualdad persistente por edad y composición de los hogares.
