En un encuentro entre dirigentes de su espacio afirmó que sería candidato a gobernador bonaerense. En la Corte Suprema nunca lo avalarían como presidenciable y sus asesores agotan las estrategias judiciales. Igual quieren que se presente para quedar como un proscripto político.
Francisco De Narváez apostó de máxima a la posibilidad de conseguir el visto bueno de la Corte Suprema para ser candidato a presidente. Ante las pocas chances que se le presentan en la actualidad, el empresario dijo en un encuentro entre dirigentes afines que competirá por la gobernación.
La mano derecha de De Narváez, el diputado Gustavo Ferrari, dijo a la prensa que "la provincia es la principal opción". El legislador es el arquitecto de la estrategia judicial del ex Casa Tía.
En el francisquismo dejaron de ser optimistas ante las claras señales que dan desde la Corte, con Ricardo Lorenzetti y Eugenio Zaffaroni a la cabeza, que afirman que “la Constitución es clarísima, dice textualmente que un extranjero no puede ser candidato”. Además, la estrategia de los abogados de De Narváez, de apelar a tratados internacionales, no es bien recibida en el Poder Judicial, que sigue a Cortes como la de Estados Unidos y otros países centrales donde está vedado a un extranjero ser candidato a presidente.
La Corte incluso aplicaría un fallo ante la realidad de que De Narváez se presente y algún tercero lo impugne. Si el diputado pide una certeza sobre su candidatura, la solicitud se rechazaría por “abstracta”. Incluso, el máximo tribunal podría no tratar el caso si finalmente lo presenta hasta después de las elecciones, como hizo con las testimoniales.
Si De Narváez decide dar la pelea bonaerense, algunos dentro del espacio muestran ciertos temores y consideran a la maniobra como un error político. Creen que al no tener mayoría en el Senado y la Cámara de Diputados bonaerense, sin manejar al PJ ni a los intendentes, a sabiendas que el gobierno de la Provincia depende de la ayuda económica de la Nación, la conducción de Buenos Aires se transformaría en una odisea que le hará perder todo su capital político.
Incluso algunos de sus allegados creen que lo mejor es presentarse para presidente, ser impugnado, y quedar antes la opinión pública como una victima del sistema político. En esta visión se soslaya que dentro del espacio no sobra la confianza hacia una virtual conducción de De Narváez en un terreno caliente. “Gobernar no es poca cosa” dicen, y muestran el ejemplo de Macri en la Ciudad.
EL CANDIDATO A PRESIDENTE
En esta hipótesis, De Narváez necesitaría un candidato a Presidente. Reutemann es el preferido, sino deberá optar por Macri o Duhalde. Con los dos segundos la relación no es buena y habrá que componerla.
Duhalde espera y se prepara para una negociación. Ya tiene una candidata a vicegobernadora: la diputada nacional Graciela Camaño. También exigirá lugares en la lista de diputados nacionales y legisladores provinciales. Y se guarda una carta para el caso de que se produzca una confluencia nacional y los números no le den: podría presentarse como candidato a senador nacional para ocupar la banca que deja su mujer “Chiche” Duhalde.
Reutemann es una incógnita, De Narváez tiene que terminar de definir lo que insinúa, hay que ver como termina Macri con su problema de las escuchas y si finalmente Felipe Solá se presenta y con qué aliados.
También hay que tener en cuenta la confluencia con sectores que conducen Juan Carlos Romero y los Rodríguez Saá.
