Por Jaime Durán Barba.
Según la psicología conductista, cerca del 70% de los recuerdos de toda persona están depurados y ordenados para armar un relato agradable que satisfaga nuestra visión de nosotros mismos y nuestras pulsiones. Además de la tendencia al autoengaño propia de la especie, el síndrome de Hubris hace que muchos líderes se sientan dioses.
Joseph Napolitan entregó sus archivos a la George Washington University durante el seminario de primavera de 2003, para que puedan abrirse cincuenta años después de su muerte. Eso ocurrió en la antigüedad, cuando no existían las herramientas propias de la cultura digital. Los documentos se encuentran en cajas llenas de papeles, carpetas y cintas VHS, que contienen escritos de Napolitan, documentos y materiales de decenas de las campañas electorales en las que participó, como las de John F. Kennedy, Valéry Giscard d’Estaing, Ferdinand Marcos, Carlos Andrés Pérez, Yaafar al-Numeiry, otros 15 presidentes de diversos países, y líderes demócratas norteamericanos a los que asesoró durante 45 años. Ojalá en 2053 existan todavía aparatos que puedan descodificar esos materiales tan anticuados.
En ese mismo evento realizamos el lanzamiento del libro conjunto que publicamos con Napolitan bajo el nombre de Cien peldaños al poder, trabajo que me permitió conversar con él y conocer mejor las ideas del consultor más importante de la historia. Refiriéndose a sus archivos y las limitaciones de tiempo que impuso para su utilización, Napolitan decía que su lectura podía causar conmoción en varios países, no por la mala fe de nadie, sino porque los seres humanos reinventamos constantemente nuestra biografía y nuestro pasado.
Según los estudios de la psicología conductista, cerca del 70% de los recuerdos de toda persona están depurados y ordenados para armar un relato agradable que satisfaga nuestra visión de nosotros mismos y nuestras pulsiones. Napolitan leía mucho y llevaba nota de todo lo que hacía, guardaba sus memos estratégicos y todas las observaciones que hacía a las campañas. Normalmente, lo que decían sus documentos no tenía que ver con las biografías y libros publicados por los personajes a los que asesoró. Además de la tendencia al autoengaño propia de la especie, el síndrome de Hubris hace que muchos líderes se sientan dioses y atribuyan su éxito más a la magia que a sus propios méritos. Relataba la experiencia con un expresidente importante al que asesoró, hombre preparado, trabajador, excelente formador y líder de equipos de trabajo, que en su autobiografía atribuía sus triunfos a que los soldaditos de plomo de su infancia tenían el rostro de Washington, más que a sus capacidades y méritos.
Fuente: Perfil.
