Mediante la excusa de convocar al diálogo y consensuar con diversos sectores sociales, Scioli ha ido tejiendo alianzas con los intendentes del conurbano. Asediado por los crecientes problemas financieros, su táctica consiste en ir, de a poco, distanciándose del kirchnerismo a partir de gestos cargados de simbolismo.
Tic-tac. El reloj no para y a medida que pasan los días el gobernador bonaerense sabe que la cuerda se acorta. Y aunque hace poco dijo que la seguridad es su prioridad, en realidad las finanzas de la provincia son su principal pesadilla.
Sabe que en la medida que los meses avancen la recesión se sentirá más en los bolsillos de los ciudadanos y en las arcas de los municipios, y no quiere que su gestión sea el chivo expiatorio de semejante panorama.
Para combatir esta situación y garantizarse la gobernabilidad, Scioli ha recurrido a una clara estrategia que consiste en dialogar con amplios sectores en pos de tejer alianzas al tiempo que se separa (paulatinamente, y sin hacer mucho barullo) del kirchnerismo.
No sólo las mesas de diálogo establecidas con la oposición son muestras de ello sino, más claramente, los asiduos encuentros que establece con los jefes comunales donde los temas recurrentes son los fondos y las obras públicas.
El codiciado apoyo de los “barones del conurbano” es un botín que Scioli no quiere dejar escapar. Fue explícito en ello cuando en la pasada reunión del PJ en La Plata advirtió “Nos quieren venir a perforar el conurbano”, haciendo referencia al peronismo disidente.
Sin olvidar también el nombramiento de Baldomero “Cacho” Álvarez de Oliveira en la significativa cartera de Desarrollo Social ni la reunión que mantuvo esta semana con los intendentes de la Tercera Sección electoral en la quinta 17 de Octubre de San Vicente.
Por otra parte, en la medida en que Scioli va ganando apoyos en los jefes comunales continúa con sus gestos de distanciamiento del gobierno central. Su asistencia a la Expoagro 2010, donde comprometió el apoyo de su gestión para apuntalar a los sectores del campo, y su reunión con el clero, que no escatima críticas al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, son sin duda señales claras en ese sentido. Las finanzas provinciales y un sentido de precaución hace que las muestras de distanciamiento sean sutiles pero no por ello menos significativas.
Paralelamente, el comunicado del vicepresidente del Senado bonaerense Federico Scarabino proponiendo la reelección del ex motonauta puede interpretarse como una maniobra para calmar los ánimos sus pares del PJ que se suman a la carrera presidencial. Al tiempo que abandonar las intenciones presidenciables y volcarse a la gestión provincial puede ser una elección prudente dado el contexto político y económico actual.
Lo cierto es que Scioli continua abriendo el juego mediante acercamientos con figuras relevantes de la oposición Felipe Solá, Carlos Ruckauf, Antonio Cafiero o el propio Eduardo Duhalde. La reunión del PJ bonaerense esta semana sin dudas fue clave ya que aunque el discurso que pronunció el gobernador hacía hincapié en la necesidad de “mantener unido el partido”, lo cierto es que Kirchner parece ir quedando cada vez más aislado mientras gana fuerzas el duhaldismo. El propio Hugo Moyano, presente en el mitin, intentará despegarse de la figura del ex presidente delineando un nuevo movimiento más personalista.
Scioli, mientras tanto, continúa tejiendo alianzas y apura el debate del Presupuesto 2010, que desea que se apruebe antes de fin de año, cuando se renuevan bancas en la Legislatura provincial y el oficialismo pierde la mayoría automática. Asediado por un reloj que continúa corriendo.
Por Laura Elisandro
