Juntos por el Cambio apuesta a un discurso contradictorio que solo puede tener sustento por la complicidad de los medios afines. Desde que comenzó la pandemia mostró un relato errático que apostó al caos y la confusión en medio de la gran angustia social. La verba del agravio, la lógica anticiencia, y el deseo del estallido sanitario.
Por César Morielli
La línea divisoria quizás se haya trazado la semana pasada, cuando la Mesa Nacional de Juntos por el Cambio emitió un comunicado para rechazar posibles medidas restrictivas de la circulación para evitar el crecimiento de los contagios de la segunda ola del COVID-19. El texto fue emitido bastante antes de los anuncios de Presidencia.
Allí, la interpretación apareció clara, pero también indescifrable: los opositores no quieren que el gobierno tome decisiones para contener la pandemia, pero tampoco quieren que crezcan los números de infectados o muertos. Ni que se vea afectada la Economía o las actividades productivas, pero tampoco que el Estado intervenga para sostener a los sectores industriales y comerciales y que se produzca un gran desbalance en la macroeconomía. Ni que se compren vacunas, pero que tampoco se dejen de comprar, o que al menos se compre una pero no otra, y más rápido aunque los laboratorios no puedan producirla. O algo así.
No quieren que el gobierno fomente un discurso único, pero creen que la única opinión –incoherente- que vale, es la de ellos. Como cuando gobernaban, pregonan la unidad nacional apelando a los agravios, el caos y un discurso esquizofrénico que solo provoque confusión, alarma y violencia. En la militancia de la coalición oficialista ya les pusieron un sobrenombre: Juntos por el Contagio. La postura opositora no deja demasiado margen a suposiciones. Es difícil encontrar alguna interpretación que no sea la de un intento por provocar un desmadre sanitario para gritar un gran número de fallecidos que les pueda dar rédito electoral. Quieren hacer política con los muertos.
La contradicción de un discurso tan laxo chocó contra las propias administraciones de Juntos por el Cambio en gobernaciones e intendencias de todo el país, que apenas se emitió ese comunicado de la Mesa Nacional tuvieron que anunciar medidas restrictivas para contener la propagación del virus en la segunda ola.
La intención del caos se advierte desde que comenzó la pandemia. Alberto Fernández anunció la primer cuarentena el 20 de marzo del 2020. Desde entonces, en el inframundo de las redes, seguidores de la oposición comenzaron a alentar marchas por cualquier motivo. Hubo una por mes, desoyendo las recomendaciones más básicas para evitar que más personas terminen contagiadas. La escena más denigrante fue una quema de barbijos en pleno centro porteño.
Cuando el mundo empezó a traer noticias de la aparición de las primeras vacunas, desde el “Thin Think Tank” opositor (el flaco tanque de pensamiento), comenzaron a diseminar pánico sobre intentos de adoctrinamiento soviético por parte del gobierno y sobre los efectos adversos de las distintas dosis. Incluso, Elisa Carrió presentó una denuncia acusando al presidente Alberto Fernández por “envenenamiento colectivo”. Les juro que no es un chiste de ninguna sátira de ficción.
A contramano de la cosmovisión del mundo científico sembraron una idea antivacuna y respaldaron opiniones en favor del consumo de, básicamente, lavandina. Pero como la locura nunca parece ser suficiente, poco después el expresidente Mauricio Macri expresó su indignación porque en Argentina no se podía aplicar la vacuna que compró Chile. En estos días, se busca desprestigiar la fabricación china usando como ejemplo justamente las dosis que se aplicaron en el país trasandino. Ya sé, es todo muy confuso.

El discurso ezquizofrénico y contradictorio solo se puede sostener con el apoyo mediático, principalmente del Grupo Clarín y La Nación, y de todos sus satélites. Sepa usted, lector, que el expresidente Macri compró la mayoría accionaria del canal LaNación+.
La tapa del gran diario argentino tituló estos días sobre la poca efectividad de la vacuna china, pero evitó decir que se refería a los laboratorios que se utilizaron para vacunar en Chile, con la Sinovac, y no la que se aplica en Argentina que es la Sinopharm.
La economía se vuelve a resentir y el gobierno no ayuda a quienes ya sufren la segunda ola de la hiper recesión. Expliquen por qué no compraron la vacuna de Pfizer, pero sí 4 millones de la China, que inmuniza a medias. ¿A esto llaman cuidar a los argentinos?
— Patricia Bullrich (@PatoBullrich) April 12, 2021

La única vacuna que rescató la oposición es la de Pfizer. ¿Por qué? Bueno, porque es una de las pocas que aún no llegan al país, que se negó a firmar un contrato que imponía condiciones inaceptables. Si hubiese llegado aquí, también la cuestionarían. No dicen, tampoco, que en muy pocos lugares del mundo se pudo aplicar esa vacuna.
Al menos, por ahora, abandonaron la lógica de cuestionar la vacunación. Sí plantean críticas contra el operativo bonaerense, que es justamente el más exitoso en todo el país. Tampoco hay demasiado qué decir sobre la vacunación en Argentina, que está entre los que más aplicaron a la hora de contar a los países del mundo con mayor población.
Si vamos a los % de población vacunada, entre los 32 países más poblados del planeta, Argentina ocupa el puesto Nº 9. Ha vacunado al 9% de la población y solo es superada por Reino Unido, EEUU, Francia, Italia, España, Alemania, Brasil y Turquia. pic.twitter.com/JTqRYPwqZZ
— Mariano Tilli 💚 (@icevainillaice) April 8, 2021
Al menos, algunos colegas ya no están dispuestos a aceptar la mentira. La periodista Nancy Pazos tuvo que frenar en seco al exdiputado Eduardo Amadeo. Le planteó, sin tapujos: “Dejen de hacer política leyendo Clarín porque se mienten a ustedes mismos”. El exlegislador quedó tecleando al intentar desplegar una catarata de conceptos falaces. Algo parecido sucedió con Rosario Ayerdi en un intercambio con el Jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, quien criticó un operativo represivo en Formosa, pero justificó la violencia policial en la Ciudad de Buenos Aires.
El episodio en Formosa también desnudó el vínculo del Pro caos entre la oposición y los medios. Durante semanas se alertó sobre la política de la provincia para controlar la pandemia. En el Canal TN denunciaron que mujeres embarazadas elegían parir a la intemperie, en los montes (que en Formosa no existen) para evitar que el estado les quite a sus recién nacidos como medida sanitaria preventiva. El gobierno de Gildo Insfran se autodenunció para forzar una investigación y la Justicia demostró que esas mujeres habían recibido un pago de 5 mil pesos por parte de la producción de TN para inventar sus declaraciones.
Lejos quedaron las miradas ideologizadas de la oposición, que reclamó que Argentina tome el camino de administraciones neoliberales de la región, como Brasil, Chile o Uruguay, países vecinos que lamentablemente hoy sufren por la pandemia, por mala praxis manifiesta o por la propia naturaleza del virus. Eran puestos como faro a seguir en Juntos por el Cambio, que decidió dejar de lado el modelo de países centrales europeos que tuvieron que caer en el que parece ser el único camino: restricciones, cuarentenas dinámicas, y paciencia hasta que aparezcan las vacunas masivamente. La oposición se quedó sin paradigma en un mundo azotado por el virus.
Ante tanto desquicio es difícil pensar que se trata de falta de conocimiento o análisis, impericia o malas interpretaciones de una situación atípica. La oposición nos arrincona. No nos queda otro camino más que pensar que solo buscan la barbarie, y que se inunden las calles con muertos e infectados para conseguir un rédito electoral.
Uno quiere ser bueno, pero la oposición no ayuda.
Juntos por el Cambio alza la voz para defender la generación de empleo y la reactivación económica. Parece una tomada de pelo. En sus cuatro años de gestión y sin pandemia cerraron 20 mil Pymes, se duplicó la tasa de desempleo, y se dilapidó un crédito récord del FMI por 50 mil millones de dólares en unos pocos meses. Además no se mejoró ninguna infraestructura hospitalaria y se dejaron vencer vacunas triple bacteria que no se aplicaron.
