¿Imaginan los hinchas del Barcelona un futuro sin Messi? El presidente Bartomeu podría transformarse en el villano de la película. Termina un romance perfecto que se prolongó por 15 años.
Por Fab Spina
05 de mayo de 2015. Mi amigo Lucas, un argento barcelonizado como tantos otros, de muchos años en la ciudad y futbolero hasta las muelas, me llama desde la grada, emocionado después del partido Barcelona-Bayern, en la ida de semis de Champions.
-Lo viste a Leoo??
-Claaro, respondo.
Diez minutos antes, Messi le había dislocado la cadera a Boateng, y la había picado de derecha por sobre Neuer. Todos actores presentes en el reciente y catastrófico 2-8 contra el mismo rival.
Pero no vuelvo ahí para hiperadjetivar una de las tantas hazañas de Messi en el Camp Nou. Vuelvo porque recordé algo que ese día me dijo Lucas, y me empezó a revolotear en la cabeza en este agosto del veinte veinte.
Cuando le bajó la adrenalina de gritar por Messi hasta quedar disfónico, como los otros noventa y cinco mil espectadores, me comentó lo ignoto que pasó Pep Guardiola en el regreso a la casa blaugrana.
Personalmente tuve la gran fortuna de vivir en Barcelona durante los años 2010 y 2011. Siendo futbolero, lo autoproclamo como la gloria misma. El famoso Barça de Pep, el clic del fútbol en el nuevo milenio, etc etc.
Este tal Pep, es quien volvía a pisar el Camp Nou, en ese 2015, por primera vez después de algunos años de despedirse. Llegaba como DT del Bayer y es este tal Pep a quien, los noventa y cinco mil espectadores de esa noche, ignoraron sin dedicarle ni medio aplauso.
-“Man, vino Pep y no lo saludaron!”, me dijo Lucas en ese momento. Con tono de asombro inexplicable, alumbrado en la complicidad de compartir muchos Camp Nou mientras Pep se sentaba en el banquillo local, y yo vivía cerca de la estación Badal, en el barrio lindero al Camp Nou.
De aquel 2015 a este 2020 “pasaron cosas”, diría un eximio estadista nacional.
Menos ganar una Champions, pasó de todo. Pasaron algunas buenas, y pasaron muchas de las otras. Muchas. El presidente del club en ejercicio se llama Josep María Bartomeu. No quiere decir mucho ese nombre para los ajenos al mundillo Barça.
O mejor dicho, no quería decir mucho ese nombre hasta estos últimos días, donde el mundo se entera que un tal Messi se va de Barcelona porque un tal Josep María Bartomeu hace lo necesario para que eso suceda. O más precisamente, hace todo tan mal durante varios años para que eso suceda.
Fichajes caros e innecesarios de jugadores que casi no juegan, decadencia económica, olvido de la brillante cantera de jugadores jóvenes, la puesta en funciones de técnicos irrelevantes, despedidos y reemplazados por otros irrelevantes en circunstancias confusas. Y así, una larga lista.
A Lionel Messi se lo acusa de muchas cosas, algunas correctas, otras infundadas, otras absurdas. Pero creo que incluso en la zona grietosa que suele generar Messi entre amantes y detractores, todos coincidiríamos en que Messi no es –o al menos no parece- un tipo intempestivo, que brabuconea y que tome decisiones apresuradas.
Pensar que fueron 15 años de amor perfecto entre Messi y Barcelona FC, y pensar que Messi se vaya pegando un portazo solo por una calentura momentánea, o por el resultado de un partido. E incluso por la posible salida de alguno de sus amigos del plantel. Lo siento verdaderamente una acusación absurda.
Dentro de la cancha queda poco por decir de Lionel Messi. Se ha ganado todos los adjetivos. Los cálidos y justos, o los que engordan el almíbar amarillista cuando gana. Los criticones y grotescos de los mismos amarillistas cuando pierde.
Pero ahora tiró una jugada sorpresiva fuera de la cancha, y “el asombro ante la realidad, despierta y sostiene naturalmente el afán especulativo”, dice Guiu.
Todo es una frutería de especulaciones, digo yo.
Fueron 15 años de amor perfecto, pero como una profecía salpicada de condimento argentino, podría decirse que los amores perfectos son los más desgarradores cuando encuentran su imperfección, y se terminan haciendo tango.
Messi se cansó de que no lo escuchen, de que lo traten como el buen tipo que se enoja un poco pero mañana se le pasa. Y pegó el portazo, el que rompe corazones. Mientras el suyo también se despedaza. Con ruido a dolor y soplido de bandoneón, empieza a decir adiós.
Le pasó a Cruyff, a Diego, a Romario, a Román, a Ronaldinho. Todos se fueron mal de Barcelona FC. Pero pensábamos que no le iba a pasar a Messi .Sería demasiado ingrato. Por la historia, por la gloria, por la verdad evidente de su magia en ese verde césped, por la imponencia de las 95.000 almas gritando “Meeeessi, Meeesssi”, cada semana durante casi 15 años.
Sin embargo… sí, también le pasó.
Trato de ponerme en la piel de los socios, que dentro de tres semanas asistirán al Camp Nou y se encuentren: sin Messi en la cancha y con Josep María Bartomeu sentado en el palco. ¿Posta se van a quedar callados? ¿Esta gente respira?
Me lo contestó Lucas en mayo del 2015:
-“Man, vino Pep y no lo saludaron!”.
