Luego de las legislativas, donde Kirchner espera ganarle a De Narváez, el santacruceño irá por más y buscaría renovar el poder en el Justicialismo. Quiere el mango de la sartén pensando en el 2011.
Los últimos meses, Néstor Kirchner se ha caracterizado por dar golpes de efecto imprevistos. Ahora, el santacruceño estaría dispuesto a poner en juego su liderazgo al frente del PJ luego de las elecciones del 28 de junio. Confía en las encuestas que tiene a mano y medita seriamente convocar a internas abiertas, donde aceptaría competir contra todos los peronistas que pusieron en duda el Congreso Partidario del año pasado. Así, el ex presidente buscaría enfriar los intentos de los que trabajan para desplazarlo del sillón.
Según publicó Diario Crítica de la Argentina, Kirchner estaría convencido de disputar el mando del partido con Reutemann, Schiaretti, Duhalde y Rodríguez Saá. Se jugaría todo por el todo. Con esta apuesta, espera llegar fortalecido en el poder interno de cara al 2011. Si pierde, claro, el panorama sería diametralmente opuesto. Además pondría en un brete a los intendentes que habrían coqueteado con De Narváez durante la campaña legislativa.
Kirchner sabe lo que obviaron en Unión PRO durante estos días de campaña, que el peronismo es sinónimo de gobernabilidad y poder. El primer paso es el 28 de junio, donde el santacruceño sueña con ganarle a De Narváez y sacarlo del juego definitivamente. Luego, comenzar a delinear la estrategia y las candidaturas para las ejecutivas del 2011 con el bastón en la mano.
Otra mirada indica que hay una autocrítica de Kirchner. Se da una muestra de que el Congreso Partidario del 2008 no fue unánime como se intentó dar a entender. En aquel momento, los opositores puertas adentro no quisieron o no pudieron participar denunciando irregularidades en el proceso de presentación de listas.
El periódico antes citado también dice que los “incondicionales del ex presidente repiten que ahora sí van a cumplir con la vieja promesa de democratizar el partido”.
Todo esto se produce desde el optimismo K de que el pueblo argentino seguirá volcándose por el peronismo.
