Con esta frase, el diputado y apoderado del PJ, Jorge Landau, explicó cómo conviven en una misma fuerza política menemistas, caballistas, kirchneristas y duhaldistas. También habló del Congreso del PJ, el PSOE, la relación de Kirchner con Duhalde y el futuro del peronismo.
Como peronista y apoderado del PJ, ¿Cómo vivió el Congreso de Parque Norte?
Fue un paso fundamental hacia la normalización del partido: Se designó a la Junta Electoral. Un proceso electoral tiene tres partes indispensables: la existencia de un padrón, la autoridad de aplicación –que vendría a ser el juez de la causa- y el tercero es el reglamento electoral. Las tres cosas fueron resueltas en el Congreso.
Otro punto es la convocatoria. Sobre 900 congresales hubo 800 presentes, lo que te marca un quórum del orden del 86 por ciento, un quórum altísimo. Yo he ido a todos los congresos de los últimos 24 años y nunca hubo un quórum de estas características.
Ya que lo cita, ¿Dónde ubica este Congreso históricamente?
Este tuvo una naturaleza distinta, porque hacía cuatro años que no se reunía. Eso generó una gran ansiedad en el peronismo de todo el país para ver cómo se desarrollaba ese Congreso, porque el último había terminado de una manera traumática, donde se produjo la pelea de las damas. Por eso de desarrolló de esta manera, porque la figura que subyacía detrás de los 800 congresales era la figura de Néstor Kirchner.
¿Le sorprendió que no haya ido?
No, porque no era congresal.
Pero hubo otros que fueron y tampoco eran congresales. Juan Manuel Urtubey, por citar un caso.
Es cierto, varios de los gobernadores. Pero en el caso de Kirchner, no era congresal ni estaba previsto. En el caso de los gobernadores es distinto porque acompañan a sus congresales. Kirchner está por encima de eso.
Además descomprime un poco la situación…
Lógicamente. Facilita mucho más las deliberaciones, porque sino parece que presionaran al funcionamiento del Congreso. Me pareció bien que no haya ido.
¿Qué lectura hace de la intención de Kirchner de conducir el partido?
Yo estoy muy entusiasmado. Él no lo hizo en su momento porque la actividad como presidente lo complicaba para poder ejercer las tareas formales de la presidencia pero, de hecho, ha venido llevando de manera formal toda la conducción del justicialismo. Todas las cosas importantes se consultaban con él.
¿Qué le agrega el partido como herramienta política?
El justicialismo ha sido siempre le eje central de los movimientos políticos en la argentina de los últimos sesenta años. La fuerza que tiene el justicialismo es muy grande: la mitad del país es justicialista y la otra mitad no lo es. Que esa fuerza política se estructure en torno a la conducción de él es algo trascendente.
Sin embargo se hizo fuerte en la política con palabras como “concertación” o “transversalidad”, abriendo el juego. ¿Se puede hablar de un viraje hacia el peronismo?
Perón siempre decía que con el peronismo sólo no alcanza. Por eso fue el promotor de distintos frentes electorales a lo largo de la historia del justicialismo. Mientras Perón existía el justicialismo se presentó como frente, nunca como PJ: Frente Cívico de Liberación Nacional, el Frejuli, etcétera. Eran todos frentes promovidos por el propio Perón.
Si el 18 de abril no hay lista opositora Kirchner se consagra como presidente del PJ. ¿No cree que sin oposición pierde legitimidad? Pensando en nombres fuertes que no participan, como Menem, Duhalde, Rodríguez Saá.
Lo mejor hubiera sido que si hubiera una voluntad diferente de cómo gobernar el justicialismo se presente. Todavía no sabemos, hasta el 18 de abril resta tiempo y aparentemente los hermanos Rodríguez Saá van a armar una lista. Pero siempre es mejor la confrontación.
Lo que no se es si están de condiciones de armar una lista, porque se necesita no sólo la idea y las ganas, sino también poder armarla con los jugadores adecuados, con la estructura política necesaria. A todos nos puede gustar al fútbol, pero hay que saber jugar para entrar en la cancha.
Se lo pregunto porque una de las fuertes críticas que recibió este gobierno fue haber puesto los candidatos “a dedo”: Cristina, Scioli, Filmus en su momento…
Yo no comparto el criterio de que no existe confrontación de ideas. El hecho que no usemos el método del voto de los afiliados para elegir los cargos públicos no significa que haya sido una elección desacertada, porque sino no hubiesen triunfado ni Cristina ni Scioli ni Filmus estaría en el Senado. Lo que importa es el voto del electorado, es lo que realmente cuenta.
Para que Elisa Carrió pueda obtener la primera minoría no hizo ninguna elección interna ni el señor Lavagna no hizo ninguna elección interna para determinar la lista de candidatos. Es más, el señor Rodríguez Zapatero en España tampoco hizo ninguna elección interna para determinar los candidatos que ganaron el domingo, y a nadie se le ocurrió pensar que eso estaba mal. Existe sobre esto una gran leyenda.
¿Cómo vive la pelea de Kirchner y Duhalde, luego de que juntos –uno como candidato y el otro apoyando políticamente- obtuvieran la presidencia de la Nación?
Lo que ocurre es que en lugar de avanzar juntos, que era lo esperable, finalmente Eduardo Duhalde decidió enfrentarlo y la elección la perdió. Y el resultado de la vida política es que los que triunfan siguen adelante y los que pierden acompañan. Duhalde decidió marginarse y tomar distancia de toda la situación.
EL PSOE Y EL “AMONTONAMIENTO”
Usted recién nombró a Rodríguez Zapatero. ¿Se puede trazar algún paralelismo, al menos en intenciones, entre la política del PSOE y la de Cristina Kirchner?
El PSOE expresa el socialismo obrero español, nace de los sectores obreros, de los asaliarados. Se nutre de las mismas bases que el justicialismo. El justicialismo si bien es policlasista, básicamente comprende a los sectores más desiguales de la sociedad, a los sectores más bajos. Este es la génesis.
El PSOE también tiene un origen semejante, aunque no tiene una historia semejante en la génesis, porque aparece luego del franquismo con la transición a la democracia posterior Existen paralelismo en la conformación y la orientación de ambos partidos, pero hay que ubicarlos en su propia realidad: uno inmerso en la realidad europea y otro en la latinoamericana.
El gobierno español, desde la presencia de Rodríguez Zapatero, ha sido un amigo notable de la Argentina. Se podría decir que es uno de los mejores amigos de la Argentina en Europa.
Ahora, pese a esta sensación del movimiento kirchnerista con un lineamiento enfocado a lo social, muchos de los hombres más importantes de esa fuerza pasaron por el cavallismo o el menemismo, con un claro perfil neoliberal.
El justicialismo es uno sólo, pero a lo largo de su historia ha tenido distintas conducciones y cada uno ha tenido que ver con distintas etapas de predominio de unos y otros. En el Congreso, estuvo Juan Carlos Romero que fue candidato a vicepresidente de Carlos Menem; Juan Schiaretti, que lo acompañó a Domingo Cavallo; y estaba Emilio Pérsico que integró los movimientos sociales, lo mismo Dante Gullo. Todos vienen de historias muy diferentes. Pero esas historias se quedan sintetizadas en la conducción de Néstor Kirchner y en la contención que les da el Partido Justicialista.
La pregunta ahí es cómo se contiene a gente de líneas tan variadas dentro de una sola fuerza.
El justicialismo es históricamente muy contenedor, no ha sido expulsor. Fíjese, en el año 2003, cuando vamos con tres fórmulas, le diría que el grueso de la gente que acompañó en ese momento a Rodríguez Saá hoy está alrededor de Néstor Kirchner: Hugo Moyano, por ejemplo. Lo mismo buena parte de la gente que acompañó a Carlos Menem. El justicialismo tiene la capacidad de absorber a todos y volverlos a recrear sin romper la estructura partidaria.
En ese mismo año el radicalismo va con tres fórmulas: Carrió, López Murphy y Moreau. Hoy siguen divididos entre ellos y lo que producen es un fuerte debilitamiento de la fuerza opositora. Entonces queda un 50 por ciento del mapa político en el justicialismo que tiende a organizarse y la otra mitad que sigue fraccionada.
¿No habría que trazar una diferencia entre “organizarse” y “amontonarse”?
No. Porque lo que nosotros hacemos es sintetizar un pensamiento, no ponemos las cuestiones como antagónicas, como dialécticamente opuestas. En cambio, los planteos que hacen López Murphy o Carrió son antitéticos con los que produce el tronco histórico de la UCR, que es el que conduce Raúl Alfonsín.
¿Pero eso no es lo mismo que se vive hoy en el peronismo? ¿Con el kirchnerismo copando el Congreso y las oposiciones internas, como Menem o Rodríguez Saá, por fuera de la estructura?
Lo que se reúne es el PJ institucionalmente, más allá de que el kirchnerismo sea la mayoría. Ahora, si de los 900 congresales 800 concurrieron al congreso, hay una minoría muy chica que no está de acuerdo con estos planteos. Es una suerte de rémora que nosotros tenemos, es una estructura feudal que no se adapta a la estructura nacional. La estructura nacional avanzará sobre el feudo.
SCIOLI Y LA PROVINCIA
En la provincia acaba de emerger una figura con peso propio, como es Daniel Scioli. ¿Cómo vive usted la relación extraña que mantiene con el gobierno nacional?
Pero es el propio Néstor Kirchner quien le pide que vaya ahí y él lo acepta. Creo que lo que surge en el caso de Scioli es una figura que ya era fuerte en la Capital Federal y, aún extrapolado, en muy poco tiempo y con el respaldo que tuvo del justicialismo bonaerense le permitió participar de la elección en condiciones muy ventajosas en relación a los otros candidatos.
Más allá de eso, surgieron diferencias por ejemplo a la hora de armar el gabinete. La referencia es a la subordinación que se ve en la mayoría de los referentes del kirchnerismo y que en el caso de Scioli no parece tan así.
El peronismo históricamente ha sido un movimiento vertical, que acepta una sola conducción, que desde hace algunos años es la de Néstor Kirchner. Los dirigentes políticos se alinean detrás de él porque es la figura más convocante que tiene el justicialismo.
En cuanto al armado del gabinete, creo que es elemental que cualquier gobernante que se precie de ser eficiente tiene que nombrar su propio gabinete con su propia gente de confianza. Eso ha hecho Daniel Scioli, sin presiones del Ejecutivo nacional. Yo creo que le dejó absoluta libertad, basta con analizar cada uno de los ministros.
Lo que ocurre es que la provincia de Buenos Aires, por el peso gravitante que tiene en el orden nacional, siempre llama la atención porque se piensa que desde allí se va a enfrentar al gobierno nacional. Es algo histórico. Pasó entre Mercante y Perón, entre Duhalde y Menem. Es parte de la vida histórica de la Argentina.
Hablando de Scioli, una de las palabras más fuertes que se escuchó en el Congreso del PJ fue “modernización”. ¿Qué otros dirigentes encarnan esa posibilidad?
Hay varios. Lo que tiene el peronismo es una gran capacidad para producir un trasvasamiento generacional a lo largo de todo el país. Hoy tiene a Juan Urtubey en Salta, a Celso Jaque en Mendoza, a Jorge Capitanich en el Chaco, a Mario Das Neves en Chubut. Los tres primeros tienen menos de 50 años, no es poca cosa. Tambien hay que remarcar las renovaciones en las intendencias del conurbano.
La última: ¿Todas sus camisas tienen sus iniciales bordadas?
Si, desde hace muchos años. Mi padre también lo hacía. La verdad que lo podría evitar, parece un anacronismo.
FUENTE: LA POLITICA ONLINE
