Kirchner pensó en salvar a Racing hasta en el último momento

29 octubre, 2010

Pidió a un ministro que interceda para que Russo ponga a un juvenil contra Quilmes

Sus fieles recordaron su amor por Racing

Nunca ocultó su amor por Racing. Una pasión que, como a todo hincha racinguista, le ocasionó más angustias que alegrías. Néstor Kirchner siempre fue fiel a sus ideas y por sobre todo, a esa camiseta. Un sentimiento que le transmitió a sus hijos y que mantuvo hasta sus últimas horas. El martes a la noche, antes de la cena con su amigo, el empresario Lázaro Báez y su esposa, Kirchner tenía una preocupación aún más importante para su corazón. Ese corazón que ya estaba golpeado.

Quería que el director técnico de Racing, Miguel Angel Russo, ponga en el equipo titular a Bruno Zucculini , algo así como la joya de inferiores del plantel de Avellaneda. Para el ex presidente, eso sólo ya iba a resultar como una caricia. Se viene uno de esos partidos que en una barra de amigos no se pueden perder. En pocos días, Racing tenía que enfrentar a Quilmes, el equipo del cual el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, es hincha y directivo. Ya habían empezado las chicanas verbales entre ambos. Sólo faltaba la apuesta.

Luego de que las indicaciones futbolísticas viajaran tres mil kilómetros por una línea telefónica a una persona del Gabinete con llegada a Russo, Kirchner se relajó y recibió a Báez en la residencia. El tema volvió a ser el obligado: fútbol. El primer caballero le preguntó por la actualidad de Boca de Río Gallegos, el club que es manejado por el hijo de Báez y que milita en el Torneo Argentino B. Néstor preguntó por los últimos resultados y luego la charla derivó en una rivalidad obligada. Báez fanático de Independiente , clásico rival de Racing, no pudo soportar las cargadas del dueño de casa. Ahora, sólo anécdotas de una cena habitual entre amigos, que nadie esperaba volver a contar.

Ayer, en El Calafate, el silencio todavía perduraba. Un cuadro de Néstor Kirchner, junto a una bandera argentina y un lazo negro todavía se mantenía firme frente a la parroquia Santa Teresita. En el piso, una alfombra de cera como testimonio de las velas que la gente dejó arder durante toda la noche. La devoción de sus vecinos fue una marca que en la villa turística santacruceña no dejó de repetirse.

Cada uno lo recordó a su manera. Eduardo Dobler dejó el barrio porteño de Palermo en el 1983 y se animó a probar suerte en el frío patagónico. Ayer, como todos los días, abrió su restaurant, ubicado en pleno centro calafatense: La Vaca Atada. Pero no era un día común, su cliente más reconocido ya no detendría su camioneta y se bajaría sólo a saludarlo, como lo hizo Kirchner 20 días atrás. Esa fue la última vez que lo vio. El matrimonio presidencial lo visitaban desde hacía 15 años, cuando inauguró su primer proyecto gastronómico.

Ayer, por segundo día consecutivo, El Calafate si notó su ausencia. En su terruño también se sintió esa falta. El diario Prensa Libre de Río Gallegos, propiedad de Lázaro Báez, no uso eufemismos: “Cuando un amigo se va …”, fue su título principal.

Lejos de los sentimientos de los amigos, al menos, esté donde esté, Kirchner podrá notar que Russo le cumplirá su deseo: jugará Zucculini.
 

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