OPINA LA SOCIÓLOGA MARTA BIAGI

31 octubre, 2006

En términos sociológicos lo que pasa en el ciber podría describirse como la resignificación del espacio urbano. Para la Lic. Biagi, “hay que interpretar el uso de los espacios urbanos desde categorías diferentes a las de generaciones anteriores”.

Ciber, nuevo espacio de sociabilidad

COMENTARIO DE LA SOCIÓLOGA LIC. MARTA BIAGI

En términos sociológicos lo que pasa en el ciber podría describirse como la resignificación del espacio urbano. Y trasladado a otro lenguaje quiere decir que hay que interpretar el uso de los espacios urbanos desde categorías diferentes a las de generaciones anteriores.

Sin relativizar el hecho de que los chicos pasen tantas horas frente a una máquina, pero también sin demonizar a la cultura joven, se debe entender que las ciudades han crecido desordenadamente y desordenando las relaciones establecidas entre público y privado, entre familia y mercado.

Así es como las ciudades se han convertido en lugares de consumo y habilitando cada día más espacios para consumidores. ¿No es cierto acaso que la ciudad está más preparada para los autos que para los peatones?¿Qué podemos entonces esperar de los espacios de recreación y encuentro de los jóvenes?

En ese contexto, la calidad de vida urbana de una persona joven depende de la oferta de bienes y servicios que la ciudad le brinda. Acaso, ¿Todos los barrios ofrecen posibilidades de recreación comunitaria, espacios verdes o clubes? ¿Públicos o privados? ¿Los departamentos, las casas, los colegios, ofrecen espacios de encuentro para los jóvenes?

La calidad de vida urbana para los jóvenes es pobre; no satisface las necesidades de su edad ni les facilita sus actividades. Por lo tanto deben realizarlas en las condiciones que les quedan, en los espacios que deja libre el mercado urbano. Por lo mismo se han “apropiado” de las esquinas como lugar de reunión; o alrededor de un maxi kiosko, en la vereda, se sientan a beber y conversar. O en un ciber. Espacio cerrado, de consumo tanto como de encuentro.

Para el joven de hoy el encuentro con el otro está mediado en gran parte por la tecnología: la computadora, los juegos, los mensajes de texto en el celular o el messenger, constituyen la posibilidad de recrear una nueva “socialidad”, de reeditar un nuevo orden simbólico a partir del tejido social cotidiano.

Michel Maffesoli (1988) el primer sociólogo que diagnostica el proceso de neotribalización en las sociedades de masa, plantea que existe una contradicción básica y característica de la sociedad moderna: frente a una creciente masificación aparece la proliferación de microgrupos. Los jóvenes se socializan en esos nuevos espacios -la “tribu urbana” con sus graffiti que los identifican y les señalan su pertenencia, o el mundo virtual del ciber-, y ello es así porque los anteriores espacios- la familia, la escuela, el club- se han dejado robar por la lógica del mercado su legitimidad educadora y formadora.

Bajo esta nueva mirada de un tipo de subcultura juvenil se debe rescatar la posibilidad de aceptar para cambiar y con el propósito de contribuir no sólo a generar un proceso de des-estigmatización de este tipo de lugares de los jóvenes de nuestra sociedad, sino para que también nos ayude a comprender más integralmente los problemas y las realidades propias del mundo joven actual.

Es una época cargada de incertidumbres, tiempos de crisis en la comunicación y en la ética de las relaciones humanas, ¿cómo podemos acompañar a los jóvenes? ¿Cómo mostrarles que tenemos un proyecto de vida para que a su vez ellos puedan construir el suyo?

Esa es la tarea de los adultos.

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