EL REGRESO A MALVINAS, UNA SUTURA PARA LAS HERIDAS

1 abril, 2008

La experiencia de un platense plasmada en un libro. Gabriel Sagastume, fiscal de La Plata y ex combatiente, cuenta en su obra cómo fue volver a las islas un cuarto de siglo después de la guerra. Un relato donde se mezclan las vivencias del presente con los fantasmas del pasado.

Gabriel Sagastume volvió a Malvinas a curar las heridas

Fuente: Diario El Día

Desde que volvió de la Guerra de Malvinas, Gabriel Sagastume detesta la lluvia. Esa agua celestial que no tenía nada de divino para los combatientes argentinos. Que hacía más patente el hambre y el frío. Que le daba un monótono telón musical a la muerte que rondaba las trincheras. “Creo que llovió desde el primer hasta el último día que estuve”, recuerda.

Sin embargo, cuando en noviembre de 2006 volvió a las islas junto a otros tres ex combatientes, los primeros días fueron de sol, “hasta que una noche se largó a llover mientras caminábamos por las calles del pueblo. Y la sensación era que la lluvia ya no me molestaba. Ese fue un crack, darme cuenta de que ya no me incomodaba el recuerdo de la guerra”.

Por esa razón, el libro que Gabriel presentó el martes 1 a la tarde se llama “La lluvia curó las heridas”. A lo largo de cien páginas, el ahora fiscal de Juicio de La Plata cuenta cómo fue el viaje de regreso que realizó con Oscar Ibarguren, Raúl Pavoni y Luis Poncetta, los cuatro empleados del Poder Judicial, los cuatro sobrevivientes al conflicto que se extendió del 2 de abril al 14 de junio de 1982, y que dejó 649 argentinos muertos en combate.

En el relato, Gabriel mezcla el día a día del viaje con los recuerdos de la guerra que asomaban en los lugares que iban visitando. Por ejemplo, lo que sintió cuando se encontró con el lugar donde se habían resguardado el 13 de junio, en medio de la huida y con las bombas cayendo por todos lados, episodio en el que le tocó ver morir a uno de sus compañeros.

Otro momento emotivo se dio al hallar la misma trinchera que había ocupado junto a Oscar Ibarguren, su “hogar” durante los dos meses de guerra. “Cuando la encontramos, me pregunté: ¿Cómo sobreviví en este pozo horrible? Sentí un nudo en la garganta, pero también la satisfacción de decir pude superar el trauma de la guerra. Aunque siga teniendo pesadillas, aunque siga pensando en eso, aunque mi familia se tenga que aguantar que junte estas porquerías acá”, cuenta mientras señala “el rincón vetuca”, como le llama al sector de su vivienda donde guarda los recuerdos de Malvinas.

Al rincón vetuca (una forma despectiva de llamar a los veteranos de guerra, que él se toma con humor) tras el viaje se incorporaron algunas cosas que encontró en su vieja trinchera: un plato de fierro, un pedazo de lona de carpa, los dedos de un guante, las zapatillas Flecha que les daban a los soldados cuando se les rompían los borceguíes y que de poco servían contra el frío isleño.

¿Por qué llevó su historia a un libro? “Primero por mis compañeros: muchos me han dicho que leyendo esto recordaron un montón de cosas, y que eso les sirvió. De máxima, deseo que pueda ser útil en la escuela, que los chicos vean a la guerra por un lado más humano; que no es un videojuego, que la gente se muere y, si no se muere, queda mal. Quería dejar plasmado un mensaje pacifista, con la autoridad que me da haber estado en la guerra”, asegura.

Gabriel pudo escapar del pozo en el que muchos ex combatientes aún están. Pudo armar un trabajo, una familia, una vida. Pudo dejar atrás esa trinchera que volvió a ver en el viaje, sentir que “había logrado salir de esa cueva horrible donde tranquilamente podría haber muerto. Yo, individualmente, no siento que perdí la guerra: la gané”.

Comentarios

comentarios

OPINIÓN Por Maximiliano Rusconi

Los presos “no políticos” de Lavagna

OTRAS NOTICIAS

Encuesta

¿Cómo considera que está la situación económica actual del país, en comparación a un año atrás?

Cargando ... Cargando ...
VIDRIERA POLÍTICA