INCANSABLE TAREA DE LAS ABUELAS DE PLAZA DE MAYO.

30 noviembre, 0199

Marcos, de 31 años, es el nieto número 85 recuperado por Abuelas . El 22 de junio pasado se realizó el examen de ADN y el 12 de septiembre el resultado dijo que es hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedoya, quienes continúan desaparecidos.

Marcos tiene ya 31 años.

EL ULTIMO APARECIDO

Por Mara Fernández Brozzi

Marcos es el nieto número 85 recuperado por Abuelas . El 22 de junio pasado se realizó el examen de ADN y el 12 de septiembre el resultado dijo que es hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedoya, quienes continúan desaparecidos.

Marcos tiene 31 años. Su verdadera identidad se le presentó casi por casualidad, un día se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo a preguntar por su padre que nunca conoció. El estudio de ADN que se realizó lo convirtió en el nieto número 85. Hugo Alberto Suárez y María Rosa Vedoya son los padres de Marcos, ambos fueron secuestrados en 1976 y continúan desaparecidos. Hugo tenía 23 años y su compañera María Rosa 22, estudiantes universitarios los dos habían traído a Marcos a este mundo, y sólo un año pudieron disfrutarlo.

El 22 de octubre de 1976 las fuerzas de seguridad del terrorismo de Estado se llevaron a María Rosa, meses más tarde, el 10 de diciembre, fue el turno de Hugo, quien en el momento de su secuestro tenía en brazos al pequeño Marcos. Nunca más se volvió a saber de ellos. No existen datos respecto a los centros clandestinos de detención y exterminio por los que pudieron haber pasado.

Marcos fue criado por una enfermera hasta sus 14 años, momento en el que esta mujer fallece. No se sabe cómo este bebe de un año llegó a manos de ella, conjeturas pueden haber muchas, pero certezas aún ninguna.

Movido por buscar datos sobre su padre, del que su madre de crianza le había hablado muy poco, es que llega a Abuelas, pero no asociando su historia con la Dictadura. Amigos de él le habían dicho que se acercara ahí, ya que en esa organización encontraban gente. Así fue que Marcos llegó a Abuelas, y con ella a su historia. Un psicólogo comenzó a llevarlo al lugar de las preguntas propias, de ciertas dudas que podrían rondar en torno a su relato: la ausencia de su padre, la inexistencia de fotos suyas de recién nacido, el hecho que haya nacido en un domicilio particular, siendo su madre personal de enfermería en una institución de salud, estas y otras cosas confluyeron en la sugerencia del psicólogo para que Marcos se haga un análisis de ADN, siempre que esta fuera su decisión y su deseo. Es así que accede y su historia comienza a ser escrita, pero esta vez sin errores, ni mentiras, ni omisiones.

El 22 de junio se realizó los exámenes de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand, y el 12 de septiembre los resultados confirmaron que Marcos es hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedoya. Será este día una segunda fecha de nacimiento, seguramente. El reencuentro con la verdad, con el pasado, con un presente extraño por la conmoción y emoción que esto genera, reencuentro con su identidad, con su sangre.

En el mismo momento que se le entregaron a Marcos los resultados del ADN se le dio también una foto del bebé del matrimonio desaparecido. Al ver la fotografía dijo inmediatamente: “Ese soy yo”. Esas palabras resonarán en Marcos de una manera sublime, reconocerse, conocerse, encontrarse, y encontrar. Resonarán en Marcos y en muchos otros que se nos pone la piel de gallina al toparnos con estas historias, con esta historia, tan nuestra, tan vapuleada, tan recuperada en estos últimos tiempos.

Casual o causalmente la imagen de Marcos de bebé había aparecido ya en la telenovela Montecristo, donde se difunden fotografías de los nietos buscados por Abuelas, como método incorporado en la tira para difundir esa campaña. Evidentemente el momento de Marcos tenía que acercarse, las casualidades comenzaban a encajarse para que la verdad surgiese indefectiblemente. Casual o no, su búsqueda ya se había iniciado, tal vez mucho antes de haber decidido emprenderla.

Modesta Vedoya es la abuela materna de Marcos, si bien nunca perdió las esperanzas le parecía imposible que esto sucediera. Cuando Estela Carlotto le dio la noticia no podía creerlo. Dos días después de obtener los resultados se encontraron en la sede de Abuelas, y pudieron fundirse en un largo abrazo, abuela y nieto estaban juntos de nuevo. Treinta años de búsquedas, de esperanzas y desesperanzas, de caminos largos que por fin pudieron convertirse en la cercanía de unos pasos, suficientes para que ese abrazo fuese posible.

El derecho subjetivo a la identidad ha cobrado plena vigencia en la actualidad a consecuencia de los trágicos episodios de la década del ´70 y, fundamentalmente, a partir de la desaparición forzada de personas y la apropiación ilegítima de menores.

La identidad personal surge a partir de un proceso social, de la relación que vamos conformando con quienes nos rodean, es mediante “el otro” que podemos responder a la pregunta ¿quiénes somos? Para que la persona se constituya plenamente es necesario, además de asumir la actitud de los otros aisladamente, adoptar la actitud de la comunidad o grupo de la que forma parte como un todo. Y cuando ese todo, ese grupo, ese “otro” no es real, es cuando la personalidad no logra constituirse fielmente. De aquí es que las personas que atravesaron y/o atraviesan esta situación de mentiras, o verdades a medias, en algún momento necesitan hacerse las preguntas que los conduzcan a las respuestas sobre sí mismos; los tiempos son diferentes en cada uno, algunos necesitarán más, otros menos, pero estudios realizados por especialistas sostienen que siempre, en algún momento de la vida, se recae en la imperiosa necesidad de darse respuestas fehacientes sobre la propia historia.

La búsqueda de esta verdad, el hallazgo de ésta en realidad, es sustancial para la conformación del individuo, y no tiene que ver sólo con un tema de orígenes, o vínculos, sino con la verdad en sí misma. El toparse con ella puede ser muy fuerte en muchos casos, pero es imprescindible a la hora de darse esas respuestas sobre identidad personal.

Marcos no sospechaba, ni por asomo, que el cruce con la información buscada sobre su padre lo terminaría llevando a convertirse en el nieto número 85 recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo. Marcos no sabía que su madre no era su madre, que su padre ausente no era su padre, que la tía que lo crió no era su tía, no sabía su historia, su origen, su sangre; creía saber pero no sabía. Desde el momento en que decidió hacerse los estudios genéticos, allá por el mes de junio hasta este septiembre seguramente su cabeza no debe haber parado de pensar y sentir, mezcla de miedo, incertidumbres varias, dudas, y por qué no certezas que venían desde otro lado que no es la razón. Marcos no sabía y hoy sabe, hoy puede comenzar a constituirse como un todo, con todas esas partes que se presentaron ante él para completarlo.

Marcos está empezando a recomponer su historia, y con él una sociedad entera. Un nuevo nieto recuperado, una nueva identidad recuperada, una nueva batalla ganada a los asesinos de 30.000 compañeros detenidos desaparecidos. Su plan sistemático de exterminio dejó un saldo que es aún herida abierta, pero en algo no han podido. Estos 85 nietos recuperados son el resultado de la lucha incansable de distintos organismos de Derechos Humanos, son la muestra también de que con todo no han podido, que no nos han vencido, y que la lucha continúa hasta que la verdad sumerja completa, hasta que los castigos alcancen a todos y cada uno de los Genocidas de la Dictadura, hasta que todos los hijos de desaparecidos recuperen su verdadera identidad, hasta que la sociedad toda la recupere.

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