Boudou, la herida que no cicatriza y reanuda la interna oficialista

11 enero, 2021

La solicitada que exige la liberación del ex vicepresidente reactivó la polémica. El presidente se desliga pero abre una nueva puerta. Amnistía y neoperonismo.

Bajo el título “Libertad para Amado Boudou”, ex mandatarios internacionales, funcionarios, personalidades de la cultura, legisladores, gremialistas y representantes de organismos de Derechos Humanos exigieron el indulto del ex vicepresidente del segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner. El texto que culmina con más de 5 mil firmas reinauguró una disputa hacia dentro del Frente de Todos (FdT) en donde el presidente se encuentra frente al dilema de accionar y quedar pegado o desligarse e –igualmente– quedar pegado.

Boudou fue condenado a cinco años y diez meses de prisión por el caso Ciccone en el que se lo acusa por haberse quedado con el 75% de las acciones de la imprenta que fabrica papel moneda. “Estamos en presencia de una guerra que se despliega a través de medidas judiciales, fabricación de noticias que manipulan la opinión pública y el intento de crear un clima de odio e intolerancia en la población”, reza la solicitada.

“Si Alberto no fuese presidente, la hubiese firmado”, Graciana Peñafort.

Algunos afirman que Alberto Fernández, a pesar de haber manifestado sus críticas al ex vicepresidente en el pasado, no piensa de manera muy distinta a lo expresado en el documento. “Si no fuese presidente, la hubiese firmado”, asegura Graciana Peñafort, secretaria de Asuntos Jurídicos del Senado. La también abogada de Boudou afirmó que el mandatario “está obligado a decir que no hay”, pero que piensa diferente.

Sin embargo, Alberto tiene una sola certeza. “No daré ningún indulto”, dijo el presidente en las páginas del mismo diario que es acusado de perseguir judicialmente a los kirchneristas –Clarín–. La posibilidad del indulto fue un tema que se puso sobre las primeras mesas de lo que fue la génesis del FdT. Durante la campaña, Fernández descartó expresa e incansablemente el perdón presidencial para Cristina, Boudou y el resto de los dirigentes acusados por corrupción por considerarlo una “rémora de las monarquías”.

Pero el jefe de Estado se encuentra de nuevo en el mismo barro que hace 13 meses. Si indulta, queda pegado a las críticas por corrupción que recibe su compañera de fórmula y compañía –y además incumple su palabra de campaña–; pero si no indulta, pierde apoyo del sector más radicalizado de la coalición gobernante. ¿Cuál es la tercera vía?

 

TOMALA VOS, DÁMELA A MI

Alberto interpreta que es el Congreso. Producto de su negativa, el mandatario ahora abrió la alternativa de una Ley de Amnistía. El presidente les dejó a los legisladores el argumento en bandeja: “En estos últimos cuatro años hubo muchos procesos judiciales que han sido desarrollados de modo muy irregular y que están colmados de nulidades». De esta manera, Fernández delegaría el eventual costo político que implicaría otorgarle el perdón presidencial a Boudou al resto del arco político.

De todas formas, la primera pregunta es: ¿El presidente se desliga realmente al aprobarse una ley de amnistía? Al fin y al cabo son sus legisladores. Hablamos de un costo político amortiguado, pero no inexistente.

Segunda incógnita: en el Senado, Cristina tiene las bancas suficientes. En Diputados, no. «No hay ninguna posibilidad de que eso (un proyecto de amnistía) pueda prosperar en el Congreso», sentenció tajante un miembro del oficialismo del Congreso. El escenario cambiaría si en las próximas elecciones legislativas el Frente de Todos consiguiera una victoria contundente y lograra alcanzar la mayoría simple en la Cámara baja.

 

NEOPERONISMO

En los ganchos del texto que reclama la liberación de Boudou hay nombres que propician un análisis. Todos tienen algo en común: son cargos jerárquicos de la actual gestión y en funciones.

Aparecen Jorge Ferraresi, ministro de Hábitat y Vivienda; Horacio Pietragalla Corti, subsecretario de Derechos Humanos de la Nación; Cristina Caamaño, interventora de la AFI; Luana Volnovich, titular de PAMI; subsecretario de Ejecución de Obras Públicas de la Nación; Carlos Raimundi, embajador ante la OEA.

Otras figuras de la misma talla y que incitan la misma curiosidad son Eduardo Valdés, diputado nacional y Víctor Santa María, jefe del PJ porteño, empresario y secretario general del sindicato de Porteros; que si bien no tienen al presidente como jefe directo, son amigos y cercanos.

La inquietud surge a partir de la contraposición de lo que representó históricamente el peronismo. Un movimiento que en sus fundamentos encontró una dinámica verticalista. El FdT, en cambio, se caracterizó desde sus orígenes como un conjunto de discusión heterogénea. En cada proposición que el presidente hace, lo contradicen un puñado de proto-desertores que explicitan públicamente su disidencia en cada oportunidad. Una especie de neoperonismo. Unidos y –no tan– organizados.

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