Los Dioses no mueren

27 noviembre, 2020

Controversial, ególatra, barrilete cósmico, fuera de serie, calentón,
Gracias eternas Diego, dirá la lápida de la pelota.

Por Marcial Ferrelli

Tu esencia se colorea con inmensidad de matices. Nunca te irás, pero te fuiste hoy y te llevás un poco de cada uno de nosotros en esta última gambeta. Ay Diego, que lo parió… saber que no vas a salir a declarar nada, ni a desafiar a los poderosos de siempre.

Que el VAR este de mierda que se inventaron sirva para retroceder la última, y gambetearla para seguir y que te levantes y salgas. A lo mejor tenías que ir a dar explicaciones a los viejos y que te las dieran a vos también. Con el correr del día me derrumbo, viajo entre tantos goles que hiciste, de toda la paleta de colores. Con barro, de día y también de noche, entre la niebla. Culpable adorado de mis levantadas temprano para ver tus partidos en Italia. De aquel tiro libre de noviembre del 85 contra la Juve, ejecutado de adentro del área y sin carrera, tu magia y ese capricho con los ángulos. El mejor de tiro libre que vi hasta hoy.

Deidad soberana cuando la rompiste en ese Mundial, el de la democracia viva, el de mi adolescencia futbolera, se hablará eternamente del yin y yang a los `fucking` ingleses y no tanto del doblete deluxe contra Bélgica y sus percherones. Esa encarada a pura cintura y canción de gol.

Héroe incorrecto, el embajador argentino de la humanidad. El paradigma de la metáfora del país, talento de sobra tapado por la infelicidad y los contras. Tus finales piernas chuecas y desvencijadas fueron el anuncio del traspaso a la leyenda de todo lo que queda.

Para mí siempre serás “el Diego”, pelusa se lo dejo a tu círculo íntimo; el jugador supremo en el hombre imperfecto, de piel y hueso. Con caja negra de episodios que también pasarán a la posteridad como sus golazos y casi golazos porque también Diego tiene eso, lograr que recordemos aquellas jugadas que no llegaron a ser goles.

El carismático, el fanfarrón, el que vimos ir siempre al frente. El influencer sin redes ni smartphones, el de la figuritas, los posters, la Buitoni celeste, los botines Puma y la Le Coq número diez. El del tapado blanco en el concierto de Eddie Grant.

En esa muerte de ficción, la del 94 en USA, comenzó la mutación del ídolo. Nos cortaron las piernas a todos, nos expusieron a enfrentarnos a nuestro D10S, la FIFA le orquestó una venganza cruel, en donde más iba a doler, el dopping. Nos jodieron a todos, a la patria, al deporte y sus figuras.

Entre su educación a entrenador y un par de vueltas con más marketing que fútbol, se fue despojando de la pilcha del jugador.

La segunda casi muerte fue con menos acting, excesos varios, reanimación, internación y las primeras procesiones maradoneanas por la salud en un hilo del D10S. Pero sus resurrecciones fueron majestuosas como él, cuando llevaba su libertad adentro de una cancha y pintaba caras y acariciaba redes con el balón.

Se lució entrevistándose a sí mismo, grabó canciones, actuó en películas, comentó mundiales. Y todo eso mientras alimentó un activismo de izquierdas y de reclamos hacia las élites del deporte que amó,siempre en defensa de sus protagonistas. Empezó a comprender el paso del tiempo, el cambio de velocidad, la vida de todos los días, cuando ya el espejo le devolvía la ruina de las glorias pasadas.

En esa carrera al cielo, te llevas un pedazo de cada uno de los que te disfrutamos, y al mismo tiempoperpetúas los momentos de mayor felicidad en ese inconsciente colectivo argento tan golpeado. Serás el de la camiseta celeste y blanca, mientras que el pueblo es ahora Diego, todos los diegos, los de oro y los de barro. El Ché Guevara del fútbol, que hizo su revolución en México, su propio enemigo, la representación de todas nuestras contradicciones. El rey atrapado por la fama, por lo que siempre quiso y nuca pudo tener, tranquilidad.

Ayer el shock, hoy el duelo. Por siempre nos quedará la estela de tu encanto:¡el mejor de los viajes genio!

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