Clases… ¿es una locura volver a las aulas?

16 octubre, 2020

En lugar de apreciaciones emocionales resulta de mayor utilidad conocer evidencia de otras sociedades.

Por Edgardo Zablotsky, Miembro de la Academia Nacional de Educación y Rector de UCEMA, para Diario Perfil

El inicio de las actividades de revinculación presencial en escuelas de la CABA generó la inmediata reacción de la Asociación Docente de la Ciudad de Buenos Aires (Ademys). Como reporta una nota de Perfil de hace pocos días, el Secretario Adjunto de Ademys, Jorge Adaro, confirmó un paro docente en rechazo a la apertura de las escuelas y señaló que “nuestra postura es de rechazo absoluto al regreso a las aulas que plantea Larreta”. Además, advirtió que “todos los días tenemos récord de casos, es una locura volver a las aulas”.

¿Es una locura volver a las aulas? En lugar de apreciaciones emocionales resulta de mayor utilidad conocer evidencia de otras sociedades. A modo de ejemplo, France 24 produjo el 17 de septiembre un reporte sobre la decisión del gobierno sueco de mantener abiertas las escuelas y los jardines de infantes, aún durante el pico de la pandemia. Como resultado de ello, los estudiantes suecos menores de 16 años no habrán perdido un solo día de clases debido al coronavirus. Es claro que nuestra realidad es muy distinta.

¿En qué se basó Suecia para mantenerlas abiertas? La página web de la Agencia Sueca de Salud Pública señala varios argumentos. En primer lugar, que “los niños representan sólo una pequeña proporción de los casos notificados de COVID-19 en Suecia. Los síntomas son generalmente más leves en niños en comparación con los adultos y los niños son menos propensos a enfermarse gravemente. Los conocimientos disponibles muestran que la transmisión entre niños es limitada y la transmisión en las escuelas es muy rara”.

La agencia también explicita que “no existe evidencia científica que el cierre de las escuelas tenga un efecto significativo sobre la pandemia,” y que “el cierre de escuelas e institutos preescolares tendría un impacto negativo en la sociedad. La escuela es un lugar de seguridad y estabilidad para muchos niños.”

Una nota de Emily Oster, profesora de la Universidad de Brown, publicada el 9 de octubre en The Atlantic, provee evidencia consistente con estas apreciaciones para una sociedad diametralmente distinta, como lo es la americana. En palabras de Oster: “Nuestros datos sobre casi 200.000 niños en 47 estados, las últimas dos semanas de septiembre, revelaron una tasa de infección del 0,13 por ciento entre los estudiantes y del 0,24 por ciento entre el personal. Es decir, aproximadamente 1.3 infecciones, durante dos semanas, cada 1.000 niños y 2.2 infecciones, durante dos semanas, en un grupo de 1.000 empleados”.

Los contagios en las escuelas son muy pocos, pero no son cero, lo cual es una expectativa irreal. El argumento que cualquier riesgo es demasiado grande y que las escuelas deben reabrirse recién cuando haya desaparecido por completo, ignora los enormes costos para los niños de mantenerlas cerradas.

La prioridad en nuestro país debe ser reabrirlas, al igual que los jardines, con todos los recaudos razonables, de tal forma de no exponer al personal a un riesgo mayor que el sufre cualquier otro ciudadano en su actividad cotidiana; pero la vida futura de muchos chicos está en juego, ese es un costo significativo que debe ser está tomando en cuenta. No es una locura volver a las aulas, es una locura el no hacerlo.

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